En el mes de enero de 1905 el vapor “Oviedo” de la Compañía Avilesina de Navegación navegaba con un cargamento de mineral que había recibido en el puerto de Huelva, y cuyo destino final era un puerto de Inglaterra, en principio un viaje más para su capitán Abdón Morán Pérez, sin embargo una serie de acontecimientos ocurridos en este viaje y en el siguiente acabarían con su varada y posterior naufragio en las proximidades de Cabo Roca en la costa de Portugal. A continuación, se va a narrar lo ocurrido hasta su naufragio.
El 5 de enero el vapor “Oviedo” zarpó del puerto de Huelva tras haber cargado una partida de mineral para su entrega en Inglaterra, la navegación transcurrió en una estación en la que los temporales azotan con fuerza las costas de la península ibérica y el golfo de Vizcaya.
Durante su travesía sufrió los embates de la mar que le fueron ocasionando numerosas averías que poco a poco fueron complicando el viaje. El 15 de enero diversas averías sufridas en la maquina llevaron a que esta dejase de funcionar y el agua había invadido en parte las bodegas, no funcionando las a la vez las bombas de achique.
En vista de la complicada situación el capitán ordenó se hiciesen continuamente señales de socorro, a las que respondió el día 16 el vapor “Ala” que se encontraba en sus proximidades, sin embargo al amanecer del día 17 de enero se perdió el contacto con él, se encontraban en ese momento en las inmediaciones de la Isla de Sein en las costas de la Bretaña francesa, las averías no era posible repararlas con el personal de abordo, y el pánico se apodero de la tripulación en vista del estado de la mar y la proximidad de la costa. El capitán, tras consultar con sus oficiales, decidió arriar los botes salvavidas y abandonar el buque.
Desde tierra los pescadores de la isla observaban la comprometida situación del vapor y sus tripulantes y decidieron hacerse a la mar para auxiliarles. Para ello embarcaron en el balandro “Fleur-de-Marie” dirigiéndose en primer lugar hacia el punto en que se encontraban los botes de la tripulación a los que remolcaron a tierra, finalizada esta operación el balandro se hizo de nuevo a la mar con la intención de acercarse al vapor e intentar su salvamento.
Una vez en sus inmediaciones subieron a bordo no sin dificultad e iniciaron las labores para llevar a puerto al “Oviedo”, al poco tiempo llego a sus inmediaciones el vapor “Frederic Morel”, al que solicitaron su auxilio para poder remolcarlo a puerto , tras un primer intento de remolque fallido, se consiguió dar un segundo que fue hecho firme a bordo y pusieron rumbo a puerto llegando en ese momento a sus inmediaciones el remolcador “Titán”, el cual los acompañó hasta su entrada al puerto (este había llegado a la zona por orden del prefecto marítimo de Brest a petición del capitán Moran).
A su llegada y una vez que el capitán y la tripulación regresaron de nuevo a bordo, el capitán Lemmens (vapor “Frederic Morel”) y los pescadores de la Isla de Sein presentaron reclamación ante el Tribunal de Comercio de Brest para entenderse con el capitán del “Oviedo” Abdón Moran, reclamándole el valor del tercio del vapor y la carga en calidad de salvadores de acuerdo al artículo 27 libro 4 título 9 de la orden de 1681, sin embargo tras haberse estudiado la actuación de las partes se llegó a la conclusión que se debía indemnizar al capitán Lemmens por la ayuda prestada al vapor “Oviedo” y por pérdida de tiempo la cantidad de 4.344 francos. (esta sentencia no fue dictada hasta el mes de julio de 1906 curiosamente en esa fecha el vapor ya no existía pues unos meses después de este incidente se perdió por naufragio).
Una vez en puerto fueron reparadas las averías en la máquina y bombas de achique, reemprendiendo su viaje hacía el puerto de Newcastle, al que llegó a mediados de febrero sin ninguna novedad. En sus muelles cargó en sus bodegas carbón de cok y carga general con destino al puerto de Barcelona, tras finalizar estas operaciones zarpo el día 2 de marzo, navegando por el rio Tyne con el auxilio de práctico y dos remolcadores, sobre las cuatro de la tarde el maquinista avisó que los casquillos de los cheques perdían tanto que las calderas quedaban sin agua, para subsanar esta incidencia se amuraron a una boya para reparar permaneciendo en dicha situación hasta el día 8 en que tras dar por finalizada la reparación continuaron la navegación, llegando a la desembocadura del rio, en la cual tras el desembarco del práctico notaron que el timón no respondía a babor por lo que fondearon para repararlo, a la cuatro de la mañana reprendieron la marcha en demanda de Yarmouth, sin embargo cuando se encontraban en las proximidades de Haisboourgh Sands sobre las doce menos cuarto de la noche notaron un fuerte pantocazo, dando inmediatamente atrás toda, maniobra que no surtió efecto y quedaron embarrancados dando continuos pantocazos.

Al amanecer del nuevo día por medio de señales y cohetes solicitaron auxilio de tierra, enviando a la vez al piloto a tierra en busca de ayuda y avisar a los armadores por telégrafo. Una vez enteradas de la situación del vapor, las autoridades enviaron en su auxilio a los remolcadores “King Edward VII”, “United Service” y un botes salvavidas. El primero de los remolcadores les dio un cabo por la popa y con su ayuda y la de la maquina consiguieron salir del lugar de la varada, continuando la navegación hasta Yarmouth en donde permanecieron fondeados hasta el día 14 en que reiniciaron la navegación en demanda de Dover donde se encontraron con viento muy duro y mar grande, el día 15 les rompió el guardín del timón y se vieron en la obligación de parar la máquina para ajustarlo, en ese instante un fuerte golpe de mar les llevó el bote de servicio, a las seis de la tarde estaban de nuevo en marcha, navegando a media máquina para que el buque no sufriera con la mar imponente.
El día 16 continuaron navegando de igual manera, el mar embarcaba de lleno en la caja de proa, alrededor de las cuatro de la tarde el tiempo comenzó a mejorar y se dio mas maquina navegando en demanda de Ouessant, divisaron la luz de su faro a las seis y cuarto del día 17 de marzo, donde pusieron rumbo a Cabo Villano, los problemas seguían apareciendo y se tuvo que parar de nuevo la máquina para empaquetar las bombas de alimentación, a las dos menos cuarto de la mañana del 18 se dio de nuevo a la máquina que aguantó hasta las ocho y cuarto en que por haberse atrancado la maquinilla del timón este no respondía ni a babor ni estribor, la reparación duró hasta las nueve y veinte de la mañana, en vista de la continuas averías que hacían interrumpir continuamente la navegación el capitán decidió arribar a Corcubión como punto más conveniente, tras rebasar el Cabo Villano alrededor de las tres y media de la tarda el viento se hizo huracanado y la mar imponente, el buque apenas hacía dos millas de camino y a duras penas consiguió entrar y dar fondo en Corcubión el día 20 a las once y media de la mañana.
Tras una primera inspección los maquinistas comprobaron que las válvulas de seguridad de la caldera de babor perdían mucho y lo mismo los tubos de extracción de aquellas. El fondeo no había sido tranquilo ya que por efecto de las rachas huracanadas y la mala mar la proa se fue sobre el vapor “Ooctubre” que se encontraba fondeado en la ría produciéndole abolladuras en una plancha, resintiéndose el molinete y los frenos levantados efecto de la gran resistencia que hizo al colisionar el “Oviedo”, una vez finalizado el incidente los dos capitanes se pusieron en contacto con el agente del Lloyd’s Plácido Castro Rivas para que peritos del mismo reconociesen y tasasen las averías, presentando a la vez la correspondiente protesta por colisión.
Una vez reconocidas las averías sufridas en ambos buques y tras efectuar las reparaciones correspondientes, el día 24 el vapor “Oviedo” se hizo de nuevo a la mar con rumbo al puerto de Barcelona. Pero este viaje no llegaría a su fin, ya que el día 26 varó en las proximidades del cabo Roca, según noticia publicada en el periódico “El Correo” de fecha 29.03.1905, “el vapor español “Felisa” que llegó ayer a Vigo procedente de Cádiz, encontró en la costa de Portugal junto al Cabo Roca fondeado con dos anclas y entre aguas al vapor “Oviedo” de la Compañía Avilesina de Navegación. A su costado se encontraba el vapor “Vizcaya” y otro alemán llamado “Néstor” los cuales realizaban infructuosos trabajos para remolcarlo. Sin embargo, estos no lograron su fin y termino hundiéndose esa misma madrugada. Los 23 tripulantes fueron recogidos por el vapor alemán que los desembarco en el puerto de Lisboa.
El buque “Oviedo” había sido construido como “Realm” en el año 1899 en el astillero Ramage & Fergusson de Leith, siendo posteriormente adquirido por la Compañía Avilesina de Navegación. Desplazamiento 1712 toneladas. Eslora 80,8 metros, Manga 11,1 metros, Puntal 4,8 metros.
Fuentes: Archivo Histórico Universitario Santiago de Compostela. Protocolos Distrito de Corcubión. Notario Jesús Fernández Abelenda.
Biblioteca virtual de prensa histórica.
Gallica. Biblioteca Nacional de Francia.
Fotos: archivo de Aquiles Garea

