En 1920 asumió la parroquia de Fuencaliente el sacerdote Benjamín Cid Galende, que habría de permanecer al cuidado religioso del pueblo durante los próximos cuatro años. Debió ser un hombre enérgico y decidido, pues recién llegado se produjo uno de los incidentes más sonados de entonces, cuando, en tiempos de la temible gripe neumónica, se puso al frente de un grupo de vecinos, revólver en mano, para impedir el desembarco de un grupo de paisanos pasajeros del vapor “Fuerteventura” cuando intentaban desembarcar en Punta Larga después de que hubieran sido rechazados en Santa Cruz de La Palma y Tazacorte.
A mediados de 1922, el periódico católico “Gaceta de Tenerife” se refiere a la celebración de “un acto simpático” en el pueblo de Fuencaliente de La Palma, en el que “con gran solemnidad se ha celebrado este año la comunión general de los niños y niñas” de las escuelas nacionales del municipio, con la presencia de las maestras Cansino, de Las Caletas; Benítez, de Las Indias y de las Casas, de Los Canarios, “acompañado cada uno de sus respectivos discípulos”.
“Fue un acto simpático el de la comunión de los niños. Ellos animaban al pueblo, presurosos y contentos, cuando desde los lejanos rincones de la comarca se dirigían en grupos a la iglesia, entonando cánticos religiosos”.
“Muy bien preparados y con perfecto orden asistieron numerosísimos niños: los que en años anteriores habían ya disfrutado de este Sacramento, y los que cada año van a engrosas las filas envidiables de los que dejan de ser analfabetos y empiezan el santo aprendizaje de las verdades de Dios, que son, como si dijéramos, las verdades de la vida”.
Después de la celebración de la comunión, los niños fueron obsequiados por el párroco, Benjamín Cid Galende, “promotor de estas solemnidades y saludables enseñanzas (…). Con su voluntad y entusiasmos, con su nunca bien ponderado celo por la Fe de Cristo, visita con frecuencia las escuelas, especialmente la de Los Canarios, donde, por encontrarse tan cerca, explica todas las semanas las clases de Religión”.
“A la inteligencia, cultura y actividad del párroco, señor Cid, se deben los éxitos alcanzados en su sagrado ministerio; tanto en el orden catequístico con la juventud y los niños, cuanto en la Cátedra Sagrada del Espíritu Santo. Sus sermones han sido felizmente acogidos en este pueblo, lo mismo que en Santa Cruz de La Palma y demás localidades, donde quiera que ha sido llamado a predicar”.
“El señor Cid está acostumbrado al trabajo. En el Alto Amazonas, sufriendo las inclemencias, los rigores de aquel clima y los peligros de las fieras fue a enseñar, a predicar las verdades del Cristianismo, llevando un rayo de luz a las tribus indígenas peruanas, al mismo tiempo que infundía el amor a la Patria España”.
“Su personalidad está más que templada para afrontar las luchas y trabajos que implica el sacerdocio católico. La enhorabuena al pueblo, por su párroco y sus maestros”.
Referencias:
Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Revuelo en Punta Larga, revólver en mano de un cura”, publicado el 1 de marzo de 2024 en puentedemando.com.
Gaceta de Tenerife, 11 de junio de 1922.
Foto Herrera, archivo de Marcelino Rodríguez [Historia de La Palma]

