La Palma, una Isla del Atlántico

Viejos cañoneros a la sombra del Risco de la Concepción

De los viejos cañoneros que recalaron al resguardo del Risco de la Concepción en el último tercio del siglo XIX y hasta la aparición del cañonero “Laya”, en 1914, en esta oportunidad evocamos los nombres y las estampas marineras de algunos de  aquellos barcos que, pintados de negro o con el sayal del gris naval de la Armada española, marcaron toda una etapa en la historia del puerto palmero.

En enero de 1864 se encontraba fondeado el vapor de guerra “Buenaventura” –comandante Bustillo– y en agosto de 1865 era el vapor “Ferrol” –construido como mercante y adaptado para el servicio militar en Filipinas– el que estaba de apostadero. A éste le relevó en abril de 1867 la goleta de hélice “Ligera”, que fue uno de los más asiduos en hacer sentir su presencia en los fondeaderos de las islas menores.

La crónica del movimiento portuario de 1879 refleja la escala de la goleta de hélice “África”. En noviembre de 1882 fue relevada por la goleta de hélice “Ligera”, y en noviembre de 1883 por la goleta de hélices “Ceres”. En octubre de 1886 tomó el relevo el vapor de ruedas “Vulcano”, que permaneció en las islas hasta julio de 1888, en que llegó el cañonero “Isla de Cuba”.

El 7 de septiembre de aquel año amaneció en Santa Cruz de La Palma un pequeño barco de casco negro y chimenea amarilla, dos palos y aparejo de goleta. Se trataba del vapor “Viera y Clavijo”, la primera unidad de la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, filial de Elder & Dempster que, aún con bandera inglesa y bajo el mando del capitán Windham, fondeó en la bahía. Aquella escala inició la etapa de modernidad en las comunicaciones marítimas de Canarias.

El cañonero “Isla de Cuba” –que había sido relevado durante dos meses por su gemelo “Isla de Luzón”– permaneció en el apostadero hasta agosto de 1893, sucediéndole primero el cañonero “Marqués de la Ensenada” y a partir de mayo de 1895, el cañonero “Marqués de Molins”. Sin embargo, su estadía fue breve, porque en julio de ese mismo año tomó el relevo el cañonero “Infanta Eulalia”, que estuvo en el Atlántico isleño hasta noviembre de 1897.

En el año 1898 se produjo un cambio importante en el apostadero naval, pues a mediados de ese año aparecieron en la mar isleña los torpederos. En junio llegaron los buques “Ariete” y “Azor”, que sucedieron sus escalas a lo largo del año. A comienzos de 1899 reapareció el cañonero “Infanta Eulalia” y a partir de octubre se incorporó el cañonero “Infanta Isabel”.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos (1994). «La Palma y el mar». Presidencia del Gobierno de Canarias. Tauro Producciones, Madrid. 

Foto: Armada española

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