Arte, Arquitectura y Patrimonio

Vicisitudes del castillo de San Andrés, arruinado desde 1895

Declarado Patrimonio Histórico Artístico de España por decreto de 22 de abril de 1949, el “castillo” de San Andrés –en realidad, una torre circular que formaba parte del conjunto de fortificaciones menores de la defensa de la isla de Tenerife, de la que se conservan sus planos originales, en el supuesto caso de que algún día se decidiera su reconstrucción fiel–, tiene la consideración de Bien de Interés Cultural por ley 16/1985 y se muestra truncado y partido por la mitad desde la riada y aluvión de 1895, que lo dejó en el estado que conocemos en la actualidad.

Mide 86 m de circunferencia y sus sillares son de piedra diorita verde extraída de una cantera localizada en el valle de San Andrés. El acceso a la torre se efectuaba por un puente de madera levadizo y tres escalones de piedra viva, pues en sus orígenes estaba rodeado por un foso, ahora desaparecido. En su explanada de adoquines podían alojarse cinco piezas de artillería. El cuerpo de guardia se encontraba al sur de la Torre, a unos 11 m de distancia y las aguas de lluvia eran vertidas a una cisterna con una capacidad de 11,7 metros cúbicos. Poseía un almacén abovedado para 100 quintales de pólvora y otras dos bóvedas a prueba de bombas en las que podían alojarse el comandante y 50 hombres. 

Aunque el primer intento de construir una torre fortificada data de 1607, cuando el conde del Valle de Salazar ofreció levantarla a su costa, hubo que esperar un siglo hasta la construcción en 1706 de una torre circular a barbeta, construida por el ingeniero Miguel Rossell de Lugo, que se arruinaría en poco tiempo. Para ello aprovechó una ensenada de 724 metros cuadrados, formada entre los barrancos del Cercado y las Huertas, con 16 m de diámetro de circunferencia en su base y 5 m de altura.

Sin embargo, las avenidas del barranco arruinaron sucesivamente todos los intentos de reconstrucción, como se pone de manifiesto en 1762 y años siguientes, hasta que en 1769, el ingeniero Alfonso Ochando, aprovechando la base de 16 m de diámetro, le elevó el perfil hasta 10 m y le dio las dimensiones definitivas. Pero las aguas del barranco se ocuparían de destruirlo de nuevo, aunque se reparó con prontitud y así llegó julio de 1797, cuando le correspondió desempeñar un papel importante con motivo del ataque de Nelson, bajo el mando del teniente José Feo de Armas.  

En 1878 un nuevo aluvión arruinó la torre, por lo que se ordenó su desartillado y el 12 de marzo de 1879 se entregó al alcalde del barrio con sus pertenencias y armamento formado por cuatro culebrinas y dos cañones de hierro (“Traidor” y “Asesino”) inútiles. Declarado en ruinas, posteriores aluviones contribuyeron a destrozarlo y el de 1895 terminó por arruinarlo. En 1924 se declaró inadecuado para las necesidades del Ejercito y el 15 de enero de 1926 se entregó al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Foto: Manuel Jesús Martín Martínez-Ball. Nuestro agradecimiento

Bibliografía: listarojapatrimonio.org

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