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Una obra de Benlliure, regalo del conde de Gavia para Isaac Peral

En 1890 se celebró en Madrid la llamada “Exposición Nacional de Bellas Artes”, a la que concurrían un amplio colectivo de artistas tanto consumados como noveles de la pintura y la escultura, principalmente. Entre ese elenco de participantes se encontraba un joven Mariano Benlliure Gil, que con tan solo 28 años de edad ya estaba despuntando desde hacía algún tiempo en el arte escultórico.

Una de las piezas que mandó Benlliure a la citada exposición representaba la de un niño con cara sonriente y feliz saliendo del agua, en una playa, con una moneda en su mano derecha, que se ha encontrado en la orilla, escultura montada sobre un basamento decorado con motivos marineros, todo ello en mármol. Según catálogo de la citada exposición, la altura total era de 2,09 metros, de los que 122,5 cm correspondían al niño y 86,5 cm al basamento. Es decir, tenía una envergadura importante, obra que estaba catalogada con el nº 1064 de la citada muestra.

En aquellos años, Isaac Peral estaba desarrollando con éxito las pruebas de mar de su submarino torpedero en aguas del saco de Cádiz, la mayoría de ellas en lo que aún hoy día se conoce como “El placer de Rota”, en las inmediaciones de la playa de Valdelagrana, lugar al que llegaban sin cesar multitud de curiosos y de donde salían sin cesar embarcaciones con esas gentes que querían ver evolucionar de cerca al submarino Peral. Todo aquello hizo que se revitalizara económicamente en cierta medida la zona y que el nombre de la playa de Valdelagrana, pasara en poco tiempo del anonimato a ser conocida mundialmente, ya que se repetía de manera continua en toda la prensa nacional e incluso alguna extranjera.

El azar debió querer que uno de los visitantes de aquella exposición fuese una persona bastante adinerada, Pedro Losada Gutiérrez de los Ríos (1814-1890), que ostentaba los títulos de conde de Gavia y de Valdelagrana. Este personaje, visitando la exposición, quedó enamorado de esa pieza escultórica de Benlliure, pues al ser un niño saliendo feliz del agua con una moneda en la mano, lo quiso comparar con la felicidad que debía experimentar Isaac Peral cada vez que salía a superficie con su submarino, una prueba tras otra.

Ese imaginario “paralelismo” entre las caras de satisfacción de ambos, del niño feliz con su moneda y de Peral con su submarino, vino a confluir con el deseo del conde de tener un gesto de admiración hacia Isaac Peral y pensó que una buena manera de agradecer el esfuerzo del inventor tratando de dar a España un invento único y que vino a coincidir con el auge que estaba tomando la zona por el hecho de que la palabra “Valdelagrana” de la que era duque, estaba en boca de toda España, no se lo pensó dos veces y adquirió la estatua, bautizada por el propio Benlliure como “Buzo de playa”, según figura tallado en la columna que hace de base, regalándosela al propio Isaac Peral.

Cuando éste fallece solo cinco años después (Berlín 1895), muchos regalos que había recibido en vida debieron esparcirse por diferentes lugares, siendo esta fantástica obra de Benlliure, probablemente, uno de tantos regalos que terminó perdido.

Quien esto firma desconoce si en su día la viuda la vendió o le fue sustraída, extremo éste que sería difícil de comprender dada la envergadura de la misma, más de dos metros, pero lo que sí sabemos es que después de haber estado durante todo el siglo XX en paradero desconocido, e incluso sin tener constancia de ella, la escultura de pronto sale a la luz para ser subastada en julio del año 2000 por la prestigiosa casa Sothebys de Londres, (lote nº 145) casa en cuyo catálogo donde ofertaba las piezas a subastar, hace referencia precisamente a que en su día perteneció a Isaac Peral tras haberle sido regalada por el citado Conde y además dejaba constancia –escuetamente– que la escultura pertenecía entonces a la colección privada de un empresario holandés, sin más datos.

Adjudicada a su nuevo propietario en la nada despreciable suma de 98.500 libras esterlinas, solo unos años después (en 2004) volvió a ser subastada por la misma casa Sothebys, siendo adjudicada en esta ocasión con un precio final, que duplicó el de salida… La identidad del nuevo propietario, así como el actual paradero de esa obra de Benlliure, es desconocida, dado que la discreción y seriedad que siempre caracterizó a la casa de subastas londinense supone el no hacerlo público, algo absolutamente normal.

Pero lo que realmente llama la atención de esta escultura de mármol del valenciano Mariano Benlliure es la gran similitud que tiene con uno de los iconos de Cartagena, como es el “icue” que representa a ese joven bañista esculpido en bronce por el cartagenero Manuel Ardil, diferenciándose tan solo básicamente de aquella en que en su mano derecha ésta porta un aladroque en vez de una moneda, así como el basamento, que en vez de una columna se representan los bloques de los espigones. Por lo demás son muy parecidas, ya que ambos tienen prácticamente la misma postura de piernas con las rodillas ligeramente flexionadas, ambos el brazo derecho pegado al cuerpo con el codo plegado y la mano a la altura del pecho, o el brazo izquierdo extendido por completo y ligeramente separado del tronco con los dedos de la mano abiertos en las dos obras, un cordón por cinturón para el bañador, e incluso las estaturas de una y otra vienen a ser prácticamente las mismas.

«Icue» de Manuel Ardil
El regalo del conde de Gavia a Isaac Peral
El escultor Mariano Benlliure

Fotos: archivo de Diego Quevedo Carmona

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