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Una decisión acertada

El accionista principal de Trasmediterránea, José Manuel Entrecanales, ha demostrado su decidida apuesta por el presente y futuro de Trasmediterránea y respalda el trabajo y la proyección de su hombre de confianza, Mario Quero Gil, que ha conseguido darle la vuelta a la deriva errática que arrastraba y auguraba malos presagios. Varios episodios recientes tienen el sello del arquitecto autor del renacimiento de la compañía ahora centenaria. El último ha sido el final feliz en la operación financiera y técnica que ha permitido la adquisición del ferry inacabado en poder de Talleres Vulcano desde mediados de 2013.

Ha sido una operación complicada, que ha estado rodeada de muchas vicisitudes. No ha sido fácil llegar hasta este punto y, de hecho, el acuerdo definitivo se ha producido nueve meses después de que alguno de los sectores implicados en el proceso hubiera lanzado las campanas al vuelo, sin que el contrato estuviera firmado. Trasmediterránea no comulga con ruedas de molino y ha exigido el cumplimiento de un largo rosario de aspectos técnicos que garanticen el óptimo rendimiento de un buque que no ha sido proyectado en origen para sus necesidades.

Pero será convenientemente readaptado y a Trasmediterránea le vendrá muy bien este modelo –que en sus dimensiones nos recuerda a los “canguros”– por varias razones. La primera, porque combina altas prestaciones en capacidad de pasaje y eficiencia operativa para la mayoría de las rutas en las que opera la compañía. La segunda, porque es una clara apuesta por la innovación y posiciona a Trasmediterránea en un puesto de vanguardia en el sector; y la tercera, porque eleva la moral del personal y es un ejemplo demostrativo del compromiso que la compañía mantiene con sus clientes.

El nuevo buque, proyectado en origen para la compañía finlandesa Viking Line y construido en el astillero de Sevilla, tiene su atractivo. Mide 139 m de eslora y 22 m de manga, para un registro aproximado de 14.500 toneladas. Tendrá capacidad para 1.500 pasajeros –de ellos, 208 en 52 camarotes–, con modernos interiores e innovadoras instalaciones a cargo de Oliver Design que tratarán de ofrecer una grata experiencia al pasajero; piscina y una zona VIP –lo cual es una pista para su posible emplazamiento futuro–, así como bares y zona de “food lounge” y un garaje para 450 vehículos y 600 metros lineales de carga rodada. Dos motores con una potencia de 34.560 caballos sobre dos ejes y hélices de paso variable, le permitirá mantener una velocidad de 22 nudos y en todos sus aspectos técnicos será un buque respetuoso con el medio ambiente. 

Paralelamente, con el contrato del nuevo buque el astillero Vulcano vuelve al trabajo después de cinco años de penurias. Una alegría, y bien grande, para la empresa gallega y sus trabajadores, que lo han pasado francamente mal. Es de confiar en el buen celo profesional para que este producto se convierta en el máximo orgullo de la larga lista de construcciones navales que llevan su sello, desde que Enrique Lorenzo Docampo y el ingeniero belga Ludovico Morlon, alias “el francés”, iniciaran en 1919 una andadura que ha conocido tiempos de crisis y también etapas de esplendor.

Foto: Trasmediterránea

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