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Un intrigante suceso con un supuesto “hombre verde”

Se cumplirán en los próximos días de diciembre el 50º aniversario de la llegada del primer reactor F5B a la Base Aérea de Talavera la Real en Badajoz, reactores que tras haber sido sometidos a varias renovaciones y actualizaciones aún siguen volando. Más de dos mil alumnos se han formado en ellos tras más de 150.000 horas de vuelo. Históricos profesores como Matías Lozano, Julio Cillero y otros muchos, que ayudados por un excelente grupo de especialistas, dedicaron gran parte de su vida profesional a impartir sus sólidos conocimientos y experiencias a muchas promociones de jóvenes alumnos pilotos.

Esta efeméride me trae a la memoria un curioso hecho, que también un mes de diciembre, tuvo como escenario aquella base aérea, con la que por motivos familiares tuve importantes vinculaciones.

A mediados de noviembre del año 1976 desembarqué en el puerto de Barcelona del buque “Belén” para disfrutar de unas merecidas vacaciones una vez finalizada una larga campaña de 10 meses, que por cierto,  en aquella época era lo reglamentario y aceptado como normal. Por si esto era poco, a veces había que permanecer algún tiempo más a bordo o ver cómo los dos meses de vacaciones eran interrumpidos por “necesidades del servicio”, como podía ser la baja médica de algún compañero u otra “causa de fuerza mayor”. Normalmente quienes se veían más afectados por este tipo de incidencias era el colectivo de capitanes y jefes de máquinas. Era una época en la que debido a la diferencia salarial con buques de bandera de otros países, gran parte de los profesionales de la mar optaban por marcharse a compañías extranjeras y los que quedábamos al servicio de navieras españolas éramos muy solicitados.   

Al desembarcar era habitual que capitanes y jefes de máquinas pasásemos por las oficinas centrales de Compañía Trasatlántica en Madrid para cumplir con lo que coloquialmente se le llamaba “pasada por el confesionario”. Aquello tenía como objeto el mantener reuniones y entrevistas con los responsables de las diferentes áreas y departamentos de la empresa, para intercambiar criterios e información relacionadas sobre la campaña finalizada; en mi caso estas reuniones se solían celebrar con el departamento técnico y de personal.

 En aquella ocasión y a última hora de la mañana, mientras me reunía con el director técnico, accede al despacho donde nos encontrábamos el fefe de Personal. Saturnino Sánchez Franco, quién se me acerca al oído y de forma un tanto intrigante me comenta:

– Juan, te invito a comer, tengo algo muy confidencial que comentarte y es mejor que estemos solos….

La cara de incertidumbre y de cierta incomodidad que se le puso al director técnico fue como mínimo curiosa. Saturnino abandonó el despacho tras comunicarme que me esperaba en el suyo.

-Don Juan, si se trata de un asunto relacionado con el trabajo y cree que me lo puede hacer saber, se lo agradecería mucho… 

Las diferencias entre ambos jefes, siempre fueron notorias.

-No se preocupe, así será, le advierto que me encuentro tan o más intrigado al respecto que usted, ardo en deseos de saber de qué se trata; sí puedo decirle que durante la campaña que acabo de finalizar no se ha registrado ninguna incidencia a bordo que esté relacionada con personal, todo lo contrario, he tenido la suerte de disfrutar de una excepcional tripulación de máquinas, no se ha registrado incidencia alguna en este sentido a bordo.

Acabada la reunión con el director técnico, paso por el despacho del jefe de personal, quién me espera con cierta impaciencia para de inmediato dirigirnos a un restaurante cercano, donde una vez acomodados en una mesa situada en un lugar apartado, me comenta:

-Juan, esto que voy a contarte es un tanto confidencial y lo hago porque conozco tus vinculaciones a través de tu mujer y su padre, con la Base Aérea de Talavera; anoche he estado cenando con el ministro del Aire, que como sabrás en tío mío -cosa que hasta entonces yo desconocía- y me ha contado lo siguiente:

-Hace un par de días, cuando el cuerpo de guardia se encontraba en ronda rutinaria por la base, avistan una especie de humanoide de considerable tamaño y aspecto robotizado, caminando por las cercanías de una de las pistas; al parecer los dos perros que acompañaban al suboficial salieron huyendo despavoridos. Uno de los soldados descargó el arma reglamentaria sobre el intruso y el otro, tras perder el conocimiento, hubo de ser asistido por los sanitarios de la base y se encuentra ingresado en el hospital militar de Badajoz sin que de momento lo haya recuperado….

Lógicamente, tras oír el relato y prometer confidencialidad al respecto, quedé un tanto sorprendido e intrigado por lo escuchado; yo había hablado con mi mujer aquella mañana desde el hotel y nada me había comentado. Tras la comida, Saturnino me acercó a la estación de Auto Res y cogí el autobús hacia Badajoz, adónde entre unas y otras cosas estaba deseando llegar…

El sábado, día siguiente a mi llegada, paso a primera hora por casa de mis suegros a saludarlos. Mi suegro en aquella época se encontraba destinado en la base de Los Llanos, en Albacete, pero algún fin de semana, como fue el caso, si había algún avión que probar tras algún chequeo o reparación se aprovechaba para hacerlo en vuelo Los Llanos-Talavera-Los llanos.

Tras los correspondientes saludos familiares le pregunto sobre el incidente del “hombre verde”. Me contesta cómo era que yo conocía aquello, le respondo que “de muy buena tinta”, sin dar más detalles. La expresión de extrañeza en la cara de mi suegro, quién acababa de llegar a Badajoz y que no conocía el incidente, fue más que evidente. Pasados unos instantes de la corta conversación, nos dirigimos a un bar, que por su cercanía a las viviendas militares del Cuerpo de Aviación era un centro de reunión y toma de aperitivo los sábados al mediodía de amigos y compañeros.

Una vez en el bar “El Pilar” y tras los correspondientes saludos, comento y pregunto por el reciente suceso; entre ellos se miran en silencio y con cierta incredulidad por el hecho de que alguien que acababa de llegar de la mar conociese lo ocurrido. De inmediato tuve ocasión de comprobar que sobre el curioso incidente, en aquellos momentos, no querían o no podían hablar por encontrarse posiblemente bajo secreto militar, cosa que posteriormente pude comprobar.

-No, eso no es así… respondió uno de los presentes a mi pregunta, para a continuación añadir:

-Mientras se radiografiada parte del fuselaje de un avión para someterlo a detección de posibles grietas, un soldado no tomó las oportunas medidas protectoras y al parecer estuvo sometido de forma excesiva a radiaciones, y este es el motivo por el que se encuentra ingresado en el hospital con pérdida de conocimiento.

Ante tan peregrina respuesta no pude callarme y me vi obligado a explicar cómo y a través de quién, tuve conocimiento del extraño suceso.

¿Quién o qué fue aquello?  Creo que nunca se tuvo una respuesta coherente al respecto y todo quedó archivado junto a otros muchos extraños incidentes y avistamientos observados no por pocos pilotos del aire, tanto civiles como militares.

Así sucedió y así os lo cuento. 

(*) Jefe de máquinas de la Marina Mercante

Foto: Ejército del Aire

 

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