De la mar y los barcosDestacado

Un barco frutero de Fred. Olsen en homenaje a Bruno Naranjo

Por espacio de 27 años, entre 1948 y 1975, enarboló la contraseña de Fred. Olsen & Co. el buque “Bruno” –llamado así en honor del exportador grancanario Bruno Naranjo, cuya hija María Luisa fue la madrina de la botadura– que, en unión de su gemelo “Bencomo”, nacido a la mar dos años después, fueron los primeros fruteros de la citada compañía noruega para la línea de Canarias expresamente construidos después de la Segunda Guerra Mundial.  A pesar del tiempo transcurrido, sigue vigente en la memoria marítima del archipiélago la estampa marinera de aquellos barcos, que significaron el renacimiento de la línea frutera con los adelantos de la época.

Apenas finalizada la guerra, la contraseña de Fred. Olsen volvió a ondear muy pronto en los puertos canarios y el 22 de octubre de 1945 arribó al puerto tinerfeño el buque “Bajamar”, que llegó procedente de Charleston, seguido del “Bañaderos”, que venía desde Mobile. Sin embargo no sería hasta marzo de 1946 cuando se restableció plenamente el servicio frutero a cargo de los buques citados más su gemelo “Betancuria, incorporado en el mes de abril, en que arribó procedente de La Habana.

A partir de abril de 1947, el servicio se reforzó con los buques “Bengazi”, “Baalbeck” y “Braga”, pertenecientes a la flota del Mediterráneo. Mientras tanto avanzaban los planes de nuevas construcciones contratados en diversos astilleros, entre ellos el de Akers, en Oslo, propiedad de la familia Olsen, aunque entonces tenían mucha carga de trabajo con las reparaciones y las nuevas construcciones de buques propios y otros compromisos, por lo que el proyecto de estas dos nuevas unidades se asignó al astillero Oresundsvarvet, de Landskrona (Suecia), de cuya factoría eran las quillas números 90 y 91 y entraron en servicio en octubre de 1948 y marzo de 1950, respectivamente.

El tráfico de Canarias exigía esfuerzos considerables. Las nuevas motonaves, pese a su modernidad, no eran suficientes para cubrir plenamente las necesidades, razón por la cual, a partir de 1949 se hizo necesario reforzar el servicio con otras unidades de las líneas del Mediterráneo, entre ellos los buques “Borealis”, “Bysanz”, “Balblom” y “Baldrian” y, a partir de diciembre de 1950 y marzo de 1951, con los nuevos “Bohemund” y “Bayard”, si bien el primero navegó poco tiempo en la línea de Canarias, pues sería transferido al servicio entre Italia y Londres.

Eran buques de elegante estampa marinera, clásicos “tres islas” de la época con superestructura central y dos bodegas a proa y otras tantas a popa y los puntales correspondientes. Los buques “Bruno” y “Bencomo” estaban dotados de ventilación eléctrica para la aireación de las bodegas durante el viaje y permitir que la fruta llegara en óptimas condiciones.

De 2.797 toneladas brutas y 3.688 toneladas de peso muerto, medían 117,50 m de eslora total,  16,20 m de manga y 6,58 m de calado. Estaban propulsados por un motor diesel Gotaverken con el que mantenían una velocidad de 17 nudos y alcanzaron un rendimiento extraordinario, siempre pulcros y con su maquinaria a punto, como corresponde a navieros de larga tradición que conocen bien su trabajo.

En 1975 el buque “Bruno” se vendió a la compañía Maldive Shipping Limited y recibió el nuevo nombre de “Maldine Skipper”. En diciembre de 1979 arribó a Gadani Beach y a partir de marzo de 1980 se procedió a su desguace. Su gemelo “Bencomo” se vendió en el mismo año a la compañía Orri Navigation, de Arabia Saudí y navegó con el nuevo nombre de “Al Riyadh”. En marzo de 1983 se vendió para desguace y se desmanteló muy cerca de donde lo había sido su gemelo.

Foto: archivo de Miguel Bravo

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