De la mar y los barcosDestacado

Tocata y fuga del vapor noruego “Heim” en Corcubión (1910)

El día quince de julio de 1910, dos embarcaciones de distinto porte y propulsión maniobraban de salida en la ría de Corcubión. Uno era el vapor noruego “Heim”, de 1.015 toneladas y con el capitán Uwe Dyring al mando, que tras haber entrado a carbonear en los depósitos flotantes surtos en ella, reemprendía su navegación con destino a Suecia, llevando un flete de pasta de linaza que había cargado en Marsella.

La otra embarcación era la goleta de la matrícula de la provincia marítima de Villagarcía, con base en Noia, nombrado “María Segundo”. Esta embarcación a vela tenía un desplazamiento de 112,46 toneladas y 23,25 metros de eslora. Había sido construida dos años antes en la ensenada de la Bogalleira, en San Cosme de Outeiro–Outes, por el maestro constructor Manuel Moledo Moledo “O Tareco”, uno de los más grandes maestros de esta terra dos carpinteiros cos pes mollados. El “María Segundo” fuera un encargo de varios armadores de la villa de Noia, lugar de donde también era Andrés Adelino Creo, su patrón en el momento del siniestro.

El “María Segundo” había cargado en Corcubión hierro viejo, procedente de desguaces de buques hundidos, con destino al puerto de Bilbao. Creemos que la chatarra procedía de la actividad industrial de José González Cereijo, vecino de la referida villa de Corcubión, dedicado a los desguaces de los muchos buques que en aquellos años naufragaron en la costa cercana. Posiblemente el hierro con destino a los altos hornos de Vizcaya procedía, entre otros, de los vapores “Rosalie”, “Langfond” y “Albión” (el primero y tercero ingleses y el segundo noruego), hundidos en el Carromeiro Chico en los años 1905, 1907 y 1908, respectivamente. González Cereijo tenía su establecimiento en la zona de la Viña de Corcubión, lugar donde aún se conservan vestigios de su actividad.

Lo que ocurrió cuando las dos embarcaciones se encontraban navegando por fuera de la boya que en aquella época marcaba el bajo Carromeiro Chico deja en muy mal lugar al capitán Uwe Dyring y a su tripulación: Después de embestir a la embarcación de menor porte omitieron su obligado deber de socorro a los náufragos.

Según narra el patrón del “María Segundo” en su protesta de mar, presentada ante el notario de Corcubión Jesús Fernández Abelenda (AHUS Protocolos de Corcubión año 1910) (…) el día 15 de julio tras haber finalizado las operaciones de carga de hierro viejo con destino al puerto de Bilbao emprendió la navegación a eso de las seis de la mañana, llevando como tripulantes a Antonio Barca López, Benigno Gómez Costa, José Bernardo Souto Abeijón y José Figueiras Mayo, los tres primeros vecinos de Noya y el último de Muros, el tiempo era bueno, la mar llana y el viento flojo del tercer cuadrante, para ello desplegó todo el aparejo dando varias vueltas en demanda de la salida de la ría, y cuando llevaba la boya del Carromeiro Chico por estribor, a la distancia aproximada de dos cables y medio, viró sobre mura a estribor. Estando en esta maniobra se avistó un vapor, que demandaba la salida del puerto, a la distancia de unos 12 cables, haciendo rumbo hacia la goleta. Al acercarse como a 3 o 4 cables, aproximadamente, gritó el exponente al capitán del vapor que diese a babor, pero no hizo caso y siguió su rumbo, como si intencionadamente procurase el choque. Al aproximarse a un cuarto de choque dio a babor y embistió la goleta por la mura de babor, no haciendo maniobra ni diligencia alguna para evitar el choque ni para salvar la tripulación de la goleta.

Al realizarse el choque, viró la goleta sobre babor y como se encontraba cerca de la boya, el exponente maniobró armando la mayor y trinquete, braceando por babor a poner el aparejo en facha para buscar la ensenada de Boca de Sapo. Tumbada la goleta a babor, mandó preparar el bote, y embarcada la gente, se fue a pique rápidamente, sin dar tiempo a realizar salvamento, ni siquiera de los fundos y documentación.

El vapor se detuvo unos minutos cerca de la Lobeira, sin maniobrar, y luego siguió su ruta. El choque ocurrió a las 11:30 minutos; y el vapor, según los informes fidedignos adquiridos, era el “Heim”, noruego, que mandaba el capitán Dyring (…)”.

Días después de haberse producido el abordaje, el 22 de julio, el Ayudante de Marina de Corcubión remitió al comandante general del Apostadero de Ferrol un suplicatorio para su remisión al Ministro de España en Cristiana (hoy Oslo), con solicitud de interrogatorios para evacuar al armador y tripulación del vapor “Heim”, en relación a su omisión de socorro a la tripulación de la goleta “María Segundo”, para su inclusión en la causa que contra el capitán del vapor se había iniciado en la Ayudantía de Marina de Corcubión.

Sin embargo, esta acción no debió de llegar a buen puerto ya que unos años después ante la falta de noticias del capitán del vapor, este fue declarado en rebeldía abriéndose una nueva causa que suponemos se acabaría archivando por la incomparecencia del encausado, por no ser súbdito español y porque en aquellas convulsas fechas era muy difícil su localización.

En todo caso, a cada porquiño lle chega o seu San Martiño, y el “Heim” se perdió en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. El 18 de abril de 1917 fue víctima de una mina que había sido fondeada por el submarino alemán UC-71 a 10 millas al nordeste de Pointe Ailly (Dieppe-Francia). Realizaba viaje de Hull a Rouen con carga de carbón y en el naufragio perecieron dos miembros de la tripulación  

Triste destino el del “María Segundo”, abordado y hundido por unos piratas al poco de ser botado y en pleno siglo XX. Sus restos moran, junto a los de otros barcos que también naufragaron en la comarca, todos juntos formando una extraña miscelánea y biotopo entre el Carromeiro chico y Boca de Sapo.

Estampa marinera del vapor «Heim»

Aquiles Garea Moledo – Santiago Llovo Taboada

En Corcubión y Esteiro a 27 de marzo de 2022

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