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Se aproxima el 75º aniversario de la tragedia del submarino C-4

El domingo 27 de junio se cumplirán 75 años de la mayor tragedia ocurrida en el seno del Arma Submarina española en época de paz. Ese día, en el transcurso de unas maniobras navales que estaban desarrollándose al norte de Mallorca, el destructor “Lepanto” impactaba contra el submarino C-4, cuando éste procedía a subir a cota periscópica, partiéndole prácticamente en dos y mandándolo al fondo del Mediterráneo.

No hubo supervivientes… siendo desde entonces este submarino el ataúd de acero para los 44 tripulantes que en ese momento iban a bordo.

Con tal de rendirles el debido homenaje a quienes ese aciago día entregaron sus vidas en la mar por su Patria, en el más estricto y riguroso cumplimiento del deber, la Armada prepara algún acto, tanto en Cartagena donde estaba basado, pero sobre todo en la Estación Naval de Sóller, desde cuyo muelle salió a las nueve de la mañana de ese mismo día, para no regresar.

Independientemente de esos actos estrictamente castrenses, está previsto que quien suscribe imparta una conferencia en el magnífico salón que la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) posee en la planta superior del edificio (antiguo CIM), cuya asistencia será abierta al público hasta completar el aforo permitido.

Dicha conferencia, está previsto que tenga lugar el viernes 25 de junio por la tarde, (en horario aún por determinar, pero siempre será en torno a las 19 horas aprox.). Quiero decir con ello que todos los lectores, con la mayoría de los cuales comparto el culto a la amistad y el amor por el Arma Submarina de la Armada (y con muchos otras cosas), pues que están invitados a asistir a esa charla, con la que pretendo homenajear a ese puñado de valientes que desde hace 75 años están de patrulla eterna.

He querido comunicarlo con antelación para que vayáis tomando nota en vuestras agendas, que sé que algunas son apretadas, de modo que, dicho esto os espero. Será la mejor forma de homenajear a estos valientes, sobre cuya fosa no florecen las rosas, pero sí los corales.

Foto: archivo Diego Quevedo Carmona

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