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Paz-Andrade no es nombre de barco. Una deuda de gratitud

Aunque su vida se hubiese centrado sólo en la consecución del gran zoco pesquero para la ciudad de Vigo que constituye la Word Fishing Exhibition, y sacarla de su emplazamiento permanente en Londres, ya hubiese merecido Alfonso Paz-Andrade la gloria eterna. Él siempre mantuvo que no hubo otra como la de 1973, la primera, donde Cuba firmó con Hijos de J. Barreras el mayor contrato naval que ha visto un astillero, la única a la que no asistí por cierto.

Si además este hombre se muere siendo el director de la Biblia pesquera por antonomasia, «Industrias Pesqueras», lo que para muchos constituye la mayor fuente de consulta de la pesca del último siglo, ya no solo de Galicia sino de nuestro país, además de gloria se merece nuestro respeto más profundo.

Siempre me llamó la atención como lucieron en amuras las principales familias de la industria del mar viguesa: Massó, Alfageme, Santodomingo, Freire, Barreras… pero Alfonso Paz-Andrade desaparece sin ver el nombre de su padre en el frente del puente de un gran congelador de Pescanova que rindiese homenaje a esta dinastía que puso a Vigo en la cúspide del mapa mundial del pescado frío, ni siquiera un «Pilar Rodríguez de Prada» que emulase al «Marcelina de Ciriza».

Su galleguismo inundó los mares del mundo de buques con nombres de castillos, ríos y ciudades galaicas, un pequeño y humilde oceanográfico de andar por casa, del que su ámbito de trabajo no excede más allá de las rías de su tierra rinde un modesto homenaje a tan ilustre apellido.

D.E.P. Alfonso Paz-Andrade al que Vigo y el mundo del mar debemos tanto.

Foto: cedida

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