La Palma, una Isla del Atlántico

Melquíades Camacho, fundador de Bodegas Nambroque

Paradigma de su generación, Melquíades Camacho Hernández (1931-2021) respondía al arquetipo de hombre hecho a sí mismo, trabajador infatigable, emprendedor de éxito y visionario, que supo hacer realidad sus sueños. Palmero de pura cepa, su vida transcurrió siempre en La Palma, entre Las Manchas y Fuencaliente, donde le conocimos siendo un niño, en años de bondad idos para siempre, en el calor del hogar afectivo y entrañable.

Decimos emprendedor de éxito y así le recordamos desde nuestros años mozos, conduciendo su camión Commer al que vimos cómo su cuñado Félix Pérez Díaz –coincidencias de la vida, fallecido ayer también– y su amigo Irineo, ambos carpinteros excelentes, montaron la carrocería de barandas hecha a mano en la carpintería del badén en Las Manchas; algo que, en los ojos de un muchacho y de eso hace unos cincuenta años, nos pareció siempre una obra maestra.

Melquíades Camacho Hernández formó familia con Esperanza Hernández Cabrera, prima hermana de mi madre, persona sencillamente entrañable, ejemplo de las mujeres de su generación, honesta, trabajadora e incansable. Le viene de cuna, de unos padres que viven siempre en la memoria fértil de las personas que dejan huella indeleble.

Como otras tantas familias de su generación, la familia Camacho Hernández ha demostrado su solvencia y su afán de superación, su afán del querer y poder ser más y mejores personas, de luchar siempre por un futuro mejor y teniendo siempre como guía de referencia el orden y el respeto. Educaron y dieron estudios a sus cuatro hijos, disfrutaron de su vida en común y compartieron muchos momentos felices y también algunos tristes, como espejo de la esencia misma del ciclo vital.

En el último tercio de su vida, Melquíades Camacho Hernández hizo realidad uno de los ejemplos admirables de la emprendeduría palmera: Bodegas Nambroque. Una bodega de esencia familiar que ha otorgado prestigio notable a los vinos de La Palma. Tiene un nombre volcánico potente, reflejo de las vivencias que su promotor tuvo en su juventud cuando la erupción del volcán de San Juan de 1949, el primero de los dos volcanes –el segundo fue el Teneguía, en 1971–que le tocó conocer durante su vida. Cosechero y bodeguero aferrado a la tradición, ha dado con su esfuerzo y dedicación honra y prestigio innegable a la viticultura palmera y así será siempre recordado.

Descanse en paz.

Foto: cedida

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