Del país de Finlandia

Maritta Kettunen, la satisfacción del deber cumplido

Por espacio de casi 37 años, Maritta Kettunen ha sido la cara siempre amable y eficiente del consulado de Finlandia en Las Palmas de Gran Canaria. Ahora, después de tan fructífera labor, ha llegado la hora de su jubilación. Se producen sensaciones encontradas con quien, durante los últimos siete años ha sido, además, brazo derecho de la representación consular en su condición de vicecónsul de Finlandia en Las Palmas de Gran Canaria.

Y decimos sensaciones encontradas porque, de un lado, Maritta tiene bien merecida y ganada su jubilación después de una prolongada, abnegada y exitosa vida profesional y, por otro, echaremos mucho de menos su cálida voz nórdica atemperada en la idiosincrasia canaria, su eficiencia en el día a día del consulado en la resolución de múltiples problemas, en su capacidad de conciliación y diálogo, en su respeto íntegro y consecuente, en sus gestos siempre amables e incluso entrañables, en su experiencia hecha virtud resumida, con todo lo que ello implica, en la satisfacción del deber cumplido.

Maritta Kettunen, finlandesa de médula honesta, es paradigma de honor y dignidad. Representa la esencia pura del espíritu íntimo y encarna el mejor sentir del sacrificado pueblo finlandés que ama y valora a su tierra dentro y fuera de su bello país. Siempre está imbuida de un sentido y sentimiento admirable de sencillez y humildad, de afecto y cordialidad, de conocimiento y sabiduría, de proximidad y calor humano, de buen,  bien hacer y mejor sentir, en definitiva.

Han sido doce años de excelente relación profesional y personal con toda una dama de muchos quilates, de principios inquebrantables acrisolados en el querer ser más y mejor persona sin hacer daño a nadie y especialmente los siete últimos, en que hemos compartido momentos felices y también momentos duros y siempre nos ha hecho sonreír la emoción gratificante del maravilloso país al que tenemos el alto honor de representar y servir en nuestra condición consular.

Querida Maritta: no podría expresarte de otro modo todo el aprecio, el cariño y el respeto que siento por tu persona y por tu querida familia, por todos los momentos compartidos, por las enseñanzas recibidas, por tu esencia de mujer que me ha hecho sentir y querer y amar más y mejor a la bella Finlandia, por toda tu experiencia y tus conocimientos y por generosa humanidad y resumida, como siempre me has transmitido, en la satisfacción del deber cumplido.

Cónsul de Finlandia en Canarias

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