La Palma, una Isla del Atlántico

Malpaís de Fuencaliente

Debajo del pino centenario que servía de sombra para el escaso descanso que permitía el trabajo incesante del campesino y jornalero, de las amas de casa de los bordes y tareas de huertas, se sentaba Adán Díaz Mederos, el cubano al que le gustaba contar historias de trabajo y trabajos a un lado y otro de su sacrificada vida. Los niños y los adultos jugábamos también a la baraja, al envite y a la brisca.

Adán había llegado de Cuba cuando contaba con 18 años. En Las Manchas construyó su vivienda con aljibe que escapó por tres o cuatro metros de distancia de las lavas del San Juan que destruyeron el asentamiento más poblado, El Cantillo, y la zona más productiva, El Cercado. La ruina.

Alrededor del pino jugábamos en los veranos tres niños coetáneos: Tonito, Juan Carlos y yo.  Juan Carlos era hijo de Pepe el de Adán. Un niño sorprendente, curioso por asuntos ajenos al ajetreo de boliches y los carros de penca. Y los aros. Los aros los confeccionábamos con la parte, inferior, más alambrosa de las ruedas de camión cuyas gomas eran utilizadas para hacer calzados en las zapaterías: unas chapas de botellas clavadas en su interior ponían música en los movimientos circulares que procurábamos al propulsar al aro con un palo redondo.

Pepe, el padre de Juan Carlos, como casi todos los hombres jóvenes de Las Manchas emigró a Venezuela. Se casó en Las Indias y después de algún tiempo viviendo en La Palma, marchó a Tenerife.

Y Juan Carlos, llegaba desde Tenerife a pasar las vacaciones en casa de su abuelo Adán. Y jugaba con su primo Tonito (Juan Antonio Díaz Díaz) y conmigo en el sitio, vivienda y finca de María Elma, su tía, y en todo el Llano del Corazoncillo que, casi todo él pertenecía a Demetrio «El Charol». Hacíamos excursiones, que llamábamos giras a las montañas cercanas, Cogote y Rajada.

La carretera del sur, sepultada por el volcán de 1949, fue reconstruida a principios de los años 60. En su remodelación quedó una recta que bordeaba por el oeste toda la aldea de El Cantillo y El Corazoncillo. Por allí, desde el pino, veíamos a veces pasar hacia abajo el carro de madera de Domingo, cargado de zurrones de cabrito que compraba por las casas de Las Manchas y que después ayudábamos a subir, empujando cuesta arriba.

Juan Carlos tenía siempre libreta, bolígrafo y una cámara de fotos. Y un día nos sorprende con un artículo de periódico escrito por él mismo sobre el volcán de San Juan que dejó, por tres metros, que su abuelo Adán y su abuela María conservaran su casa. Creo que tendríamos él, su primo Juan Antonio y yo unos nueve o diez años.

Juan Carlos Díaz Lorenzo conoció las vicisitudes del mundo de la emigración a Venezuela a través de su padre Pepe y de Cuba por su abuelo Adán. Pepe trabajó en barcos, en esa búsqueda constante de mejorar la economía familiar.

El pino y la casa de María Elma, la recta y el Corazoncillo desaparecieron con el volcán Tajogaite del 19 de septiembre. Las montañas de Cogote y Rajada quedaron casi desaparecidas. No tenemos sino pequeñas historias de una infancia apasionante.

Barcos, emigración y volcán, centros de interés, investigación constante y permanente del autor palmero más prolífico en publicaciones, ensayos, tratados, libros divulgativos y artículos periodísticos de toda la historia de La Palma.

Había nacido Juan Carlos en Las Indias en 1959. Se licenció en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela, es doctor en Ingeniería Marina por la Universidad de La Coruña y se graduó en Magisterio en la Escuela de Formación del Profesorado de Santa Cruz de Tenerife.

Juan Carlos es investigador incesante, académico, periodista y escritor, autor de vasta y dinámica trayectoria que inició su pasión por la comunicación, de manera profesional en los periódicos El Día Jornada y Diario de Avisos, del que fue jefe de sección.

Trabaja en la actualidad de director de Comunicación de Naviera Armas Trasmediterránea, es cónsul honorario de Finlandia en Canarias y cronista oficial de su municipio natal, Fuencaliente.

Decenas de libros, cerca del centenar, con temática marítima, historia de La Palma, emigración y volcanes.

Los volcanes. Se recordó recientemente el 50ª aniversario del volcán de Teneguía, que trajo riqueza a La Palma, y que en toda la Isla se recuerda con emoción. Textos con rigor científico y divulgativo de Juan Carlos, prólogo del vulcanólogo de más prestigio, el admirado Juan Carlos Carracedo, fotografías recogidas por decenas de aportes, las instantáneas de Facundo Cabrera del volcán Tajogaite, que llegó a tiempo de la edición del libro, hace de «Malpaís de Fuencaliente» un trabajo de excelencia, en presentación y contenido.

Un libro de Juan Carlos Díaz Lorenzo para el cincuentenario del volcán de Teneguía que nos hace revivir un episodio histórico de enorme valor para los tiempos que corren. Su lectura apasiona: «Malpaís de Fuencaliente».

Foto: cedida

Anterior

Puertos de Las Palmas reducirá aún más la tasa al buque

Siguiente

El volcán cumple 49 días vomitando lava y cenizas

1 Comentario

  1. J. Cárdenas
    7 noviembre, 2022 at 6:41 pm — Responder

    Emotivo y sincero artículo, que comparto totalmente,en el que se resume la vida y hechos, hasta el momento, de un gran periodista, uno de los mejores historiadores navales de este país llamado España y una entrañable y servicial persona. Enhorabuena Primitivo por el certero y emotivo retrato.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *