Del Cronista Oficial

Luciano Hernández Armas (1856-1951), secretario municipal

Este singular personaje nació el 6 de abril de 1856 en Santa Cruz de La Palma, hijo de Francisco Hernández Pérez y de Carmen Armas González y demostró, desde pequeño, una singular inquietud por el aprendizaje y el conocimiento y, de modo especial, por las letras, lo que le llevó –con los estudios requeridos en aquella época– a obtener el título de maestro nacional. 

Tenía 18 años cuando fue nombrado interino “de la escuela incompleta de niños” de Fuencaliente en el pleno del 16 de agosto de 1874, en tiempos del alcalde José Domínguez Yanes, tras aceptar la renuncia de su anterior titular por razones de salud y se le propuso “por los informes tomados, que posee los conocimientos necesarios para regentar esta escuela y que dicho individuo, aunque no ha cumplido los 25 años, es persona apta para dicho desempeño por su saber y intachable conducta moral y política”.

Luciano Hernández Armas participó de manera destacada en la vida pública de su pueblo adoptivo. El 21 de marzo de 1875, la corporación municipal le encargó del cobro de las tasas municipales, empleo que desempeñó en varias ocasiones, así como otros asuntos diversos, por lo que se le reconoció que “es persona de responsabilidad y de la confianza de este municipio”. Fueron frecuentes sus viajes a Tenerife para resolver y cumplimentar compromisos municipales, según se recoge en los libros de actas consultados.

El 1 de mayo de 1876 contrajo matrimonio con Tomasa Díaz Cabrera, natural de Fuencaliente, de cuya unión nacieron tres hijos: Rosario, Adelina y Luciano, siendo éste último el primer maestro nacional nacido en Fuencaliente y que ejerció su magisterio en su pueblo natal. También ocupó la secretaría del Ayuntamiento, desde el 8 de enero de 1882 hasta el 1 de enero de 1927, es decir, que estuvo en activo 46 años. El 27 de agosto de 1882 renunció a su plaza de maestro por incompatibilidad con su nuevo empleo, siendo sustituido por Francisco Pérez Cáceres.

Su insistencia y anhelo por lograr mejoras para su pueblo adoptivo le llevó, como soporte eficaz de la corporación, a participar activamente en numerosas gestiones, entre las que destaca –con el apoyo del diputado Pedro Poggio– la concesión de una biblioteca popular, autorizada en febrero de 1897, así como la ubicación del faro. Asimismo fue presidente de la Cámara Agraria local y secretario del Juzgado de Paz y, estando ya jubilado ocupó el cargo de concejal durante varios años.

Además de realizar una importante labor docente como maestro nacional y administrativo desde la secretaría del Ayuntamiento, Luciano Hernández Armas fue un intelectual polifacético de reconocida valía en su tiempo, como se pone de manifiesto en la publicación de innumerables artículos en la prensa palmera de entonces. Recopiló y recuperó documentos y datos sobre la historia de Fuencaliente, entre los que destaca, de su puño y letra, un manuscrito sobre la ubicación de la Fuente Santa. Es opinión ampliamente compartida que el hecho de que el Ayuntamiento de Fuencaliente conserve en buen estado los libros de actas de la corporación, se debe en parte al celo demostrado por quien fuera secretario durante tantos años.

Sus excelentes relaciones motivaron frecuentes visitas de personalidades a su casa en Fuencaliente. Entre ellos, en julio de 1949, con motivo de la erupción del volcán de San Juan, le visitó el ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, visita de la que se cuenta una curiosa anécdota. Se cuenta la anécdota de que el “viejo” Luciano, como se le llamaba cariñosamente en el pueblo, acusaba los achaques de su vejez y se encontraba postrado en cama. Cuando Blas Pérez González entró en su estancia y le saludó afectuosamente, éste “saltó como un resorte” y, brazo en alto, espetó al ministro con energía:

“¡Arriba España!” [1]

La corporación municipal presidida por Emilio Quintana Sánchez le agradeció su fecunda labor nombrándole Hijo Adoptivo y falleció el 29 de enero de 1951 en su domicilio de Fuencaliente, a la avanzada edad de 95 años. Su sepelio constituyó una impresionante manifestación de duelo y pesar, pues era persona muy apreciada y respetada en el que había sido su pueblo adoptivo.

Nota:

[1] Anécdota relatada por su nieto Juan Adelino Torres Hernández, Santa Cruz de La Palma (febrero de 1994).

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos (1994).  Fuencaliente. Historia y tradición. pp. 319-321. Madrid.

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

 

 

Anterior artículo

DNV GL abre una plataforma digital sobre “scrubbers”

Siguiente artículo

El trasatlántico "Valbanera" viaja a la eternidad / 1