De la mar y los barcosDestacado

Los “santos” de la Compañía Cartagenera de Navegación

A principios del siglo XX, en la ciudad de Cartagena, y gracias a la iniciativa principalmente del acaudalado empresario minero Celestino Martínez Vidal, dueño de varios inmuebles entre los que sobresalía por su magnificencia el edificio del Gran Hotel, se constituía una comisión con el fin de tratar de establecer toda una flota naviera, gestiones que finalizarían con la creación de la que sería llamada Compañía Cartagenera de Navegación, que quedaría establecida como sociedad anónima, y en la que el capital inicial alcanzaría la suma de dos millones de pesetas, emitiéndose cuatro mil acciones de 500 pesetas cada una

Como primer director gerente de la recién creada compañía, sería nombrado Antonio Gogorza, estando formado su consejo de administración por una serie de importantes empresarios de Cartagena. Desde los primeros compases se establecieron agentes comerciales en los principales puertos de actuación que básicamente serían los nacionales de Barcelona y Málaga y el británico de Newcastle

La flota quedaría compuesta por cuatro buques prácticamente gemelos, cuya construcción se habría de encargar a los astilleros británicos de Gragenmouth & Greenock.

De 75 metros de eslora y 11 metros de manga, desplazaba cada uno de ellos 2.400 toneladas a plena carga. Al ser buques de nueva construcción, llevaban buenos equipos de navegación, resultando ser en definitiva unas muy buenas unidades para la época, y que alcanzaban entre ocho y diez nudos a velocidad económica.

Al ser el capital social en su mayoría de empresarios locales, a los cuatro se decidió por unanimidad que deberían llevar los nombres de los cuatro santos cartageneros, a saber “San Leandro”, “Santa Florentina”, “San Fulgencio” y “San Isidoro”.

Las dotaciones de los cuatro barcos eran casi todos naturales de la zona, y desde el primer momento sus fletes empezarían a resultar muy rentables, llevando hasta Inglaterra sobre todo productos de las huertas de la región y provincias limítrofes y trayendo a España, mayormente, toneladas del buen carbón inglés con destino a la industria nacional, siendo uno de los factores más importantes en la referida rentabilidad de las navegaciones el hecho de no hacer nunca viajes en lastre.

Los primeros años de existencia de la Compañía fueron total y absolutamente fructíferos, reportando importantes beneficios, hasta que llegó un año que habría de marcar el futuro de toda Europa, 1914, con el inicio de la Gran Guerra.

Los dos primeros años de contienda, a pesar de los peligros de la guerra en el mar, donde los u-boats alemanes sembraban el pánico, transcurrieron sin sobresaltos dignos a tener en cuenta, entre otras razones porque a los 4 barcos se les pintó en sus amuras una gran bandera española, para que a la vista de los periscopios se viera bien de lejos que pertenecían a un país “no beligerante”. Igualmente, en ambos costados y a lo largo de su eslora, en ambas bandas, se pintaría con grandes letras mayúsculas el nombre de cada uno, y bajo el mismo, su puerto de matrícula, Cartagena, no quedando duda alguna de la neutralidad de los mismos, pero el devenir de la contienda, y temiendo lo peor, hizo a la Compañía redactar un escrito a sus accionistas, fechado el 7 de octubre de 1916, que venía a decir entre otros párrafos que “… como ya dábamos cuenta en nuestra Memoria del pasado año, continúan aumentando los riesgos de las navegaciones, y en consecuencia los gastos, habiéndose además producido un incremento importante en el número de buques neutrales cargados con fruta que están siendo torpedeados lo que trae como consecuencia una gran intranquilidad para nuestros intereses,…”

Las negras previsiones no se hicieron esperar de ser sentidas en sus propias carnes. Así, el vapor “San Leandro”, al mando del capitán Pedro Uríos Galiana, tras pasar Nochebuena y Navidad de 1916 cargando en el muelle de Cartagena toneladas de naranjas en miles de cajas, el día 26 de diciembre se hacía a la mar rumbo a Málaga, donde terminaría de llenar sus bodegas, para proseguir viaje a Londres, cuya costa no llegó a alcanzar, pues tras despedir el año 1916 y recibir el nuevo en la mar, el 2 de enero de 1917 sería interceptado por un submarino alemán, el U70, que tras ordenarle parar y que la dotación lo abandonase, lo hundiría a cañonazos, práctica habitual utilizada para así ahorrar consumo de torpedos, cuyo coste unitario era muy superior al de unas pocas balas de cañón.

Las protestas de la Compañía y del propio Gobierno español, no solamente no servirían de nada, sino que además, tan solo tres meses después, concretamente el 5 de abril (1917) una segunda unidad, el vapor “San Fulgencio”, al mando del capitán Jaime López, resultaba también hundido por otro submarino alemán, en circunstancias similares.

La pérdida de estos dos buques, que suponía el 50% de la flota, hizo a la Compañía tener que desistir de hacer los rentables viajes a las Islas Británicas, quedando relegados los dos supervivientes, “San Isidoro” y “Santa Florentina” a navegaciones de cabotaje entre puertos españoles, lo que suponía una merma importante de los ingresos, por lo que se vieron obligados a estudiar la posibilidad de ponerlos a la venta y disolver la Compañía que tantos puestos de trabajo había creado en Cartagena y tantos beneficios había reportado a sus accionistas.

A pesar de que la I Guerra Mundial se había dado por concluida en 1918, finalmente en 1919 serían vendidos, adquiriendo el vapor “San Isidoro” la naviera Gutiérrez Hermanos. que lo rebautizaría “Manrique”. Por su parte, el vapor “Santa Florentina” fue adjudicado a la Compañía Naviera Euzkera, que lo rebautizaría, precisamente, “Euzkera”, barco éste que finalmente cambiaría otras varias veces de propietario y de nombre, tales como el del armador valenciano Miravet que lo rebautizó “Dimecres”, la Trasmediterránea que le llamó “Santander” o el valenciano José Illueca que lo convirtió en el “Verge del Carme”, terminando sus días navegando para la naviera de Huelva Aldámiz, Corte y Zalvide Hermanos, con el nombre de “Virgen de la Cinta nº6”, terminando siendo desguazado en Castellón y sirviendo sus planchas como alimento de los Altos Hornos corriendo 1937.

Vayan estas líneas como póstumo homenaje a la Compañía Cartagenera de Navegación y a sus cuatro  buques que durante unos años pasearon sin cesar una y otra vez el nombre de Cartagena y de sus cuatro santos escrito en sus redondeadas popas por diversos puertos de la geografía europea.

Celestino Martínez Vidal (1890)
Acción de la Compañía Cartagenera de Navegación
Publicidad de la Compañía Cartagenera de Navegación
Cuadro que representa el hundimiento del buque «San Leandro»
Hundimiento del buque «San Fulgencio»
Contraseña de la Compañía Cartagenera de Navegación
Otro anuncio de la Compañía Cartagenera de Navegación
Foto de la familia de Celestino Martínez Vidal

Fotos: archivo de Diego Quevedo Carmona

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