El mundo de la aviación

Los Rodeos, julio de 1940

Catorce meses después del final de la guerra civil, y con el mundo de nuevo en guerra, el Gobierno nacional aprobó el 25 de junio de 1940 el establecimiento de la primera línea aérea regular entre Gran Canaria y Tenerife, que hizo su primer vuelo el 2 de julio siguiente con un avión Dragon Rapide[1] y capacidad para ocho pasajeros. El billete tenía un precio de 75 pesetas  el trayecto de ida y 135 pesetas, el de ida y vuelta.

Para atender la gestión comercial, Iberia abrió su primera oficina en Las Palmas, ubicada en la calle Colmenares, conocida como “la calle del viento continuo”, aunque poco después se trasladó a la calle León y Castillo. Por entonces, la compañía había destinado a Juan Fuentes Bertrán para ocuparse de la organización en las dos provincias canarias y el Sahara Occidental. El nombramiento, con una duración inicial de seis meses, se prolongaría por el resto de su vida y coincidió con el resurgimiento de los servicios de Iberia en Canarias. 

El invierno de 1940 resultó especialmente desafortunado para el transporte aéreo, debido a una sucesión de tormentas y malos tiempos que se extendieron por la Península y la costa de África, con lluvias intensas que encharcaron los aeropuertos, pues entonces carecían de pistas compactadas y en las que los aviones se hundían. Los fuertes vientos afectaron de tal modo a la línea Madrid-Canarias, que durante varios días el archipiélago permaneció incomunicado con la Península por vía aérea y algunos aviones sufrieron desperfectos importantes[2].

La inauguración oficial de la línea aérea entre Gran Canaria y Tenerife se celebró el 23 de enero de 1941. El servicio era diario, excepto domingos[3]. El día anterior, en un vuelo especial, llegó a Tenerife una comisión oficial al frente del director general de Aviación Civil, comandante Juan Bono y el jefe de pilotos de Iberia, comandante Ricardo Guerrero, para asistir a los actos[4].

A las 11 de la mañana, el avión de Iberia aterrizó en el campo de Los Rodeos “no obstante las malas condiciones atmosféricas”, pilotado por el comandante Lerdo de Tejada y con seis pasajeros a bordo. Media hora más tarde “y después de unas magníficas evoluciones que pusieron de manifiesto la pericia del piloto”[5] aterrizó un Junkers Ju-52 procedente de Cabo Juby, al mando del comandante Penche, en el que llegó el jefe del Estado Mayor de la base aérea de Gando, Pérez Cela y otras autoridades. Todos los invitados se trasladaron al valle de La Orotava, almorzando en el hotel Taoro y visitando después Puerto de la Cruz, deteniéndose a la vuelta en el campo de golf, donde la directiva del club les agasajó con un vino de honor. Al día siguiente, entre los pasajeros figuraba Virginia Costa, que fue la primera mujer que llegó a Los Rodeos por vía aérea[6].

El Cabildo Insular de Tenerife cedió a Iberia un local en la parte baja del nuevo edificio de la Plaza de España, entonces en construcción, para el despacho de billetes y la facturación de equipajes, así como una oficina de información de sus servicios.

Notas: 

[1] El avión previsto era un Ford 4AT,  pero estaba inoperativo desde el mes de junio por avería de uno de sus motores.

[2] Viniegra Velasco, Juan (1996). Aquella Iberia que hemos vivido. Madrid.

[3] Salida de Las Palmas, 09,30 h. Salida de Los Rodeos: 17 h. Duración del vuelo: 30 minutos.

[4] En el aeropuerto fueron recibidos por el presidente del Cabildo, Francisco La-Roche y los alcaldes de Santa Cruz y La Laguna, así como el delegado de Iberia, Juan Fuentes Bertrán, entonces recién nombrado. Los visitantes cumplimentaron al capitán general de Canarias, Ricardo Serrador Santés y al gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Javier Saldaña Sanmartín.

[5] El Día, 24 de enero de 1941.

[6] Alemán, Gilberto (1993). Vuelos históricos en Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.

Bibliografía:

Alemán, Gilberto (1993). Vuelos históricos en Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.

Díaz Lorenzo, Juan Carlos (2007). Cincuentenario de la Aviación en La Palma (1955-2005). Santa Cruz de Tenerife

Viniegra Velasco, Juan (1996). Aquella Iberia que hemos vivido. Madrid.

Foto: Archivo de Vicente Barbero García. Nuestro agradecimiento

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