Del país de Finlandia

Las casas rojas de Porvoo

La tradición dice que las casas rojas de Porvoo [Borgå, en sueco, río del castillo] se pintaron así en honor a la llegada de Gustavo III, rey de Suecia. Convertidas en almacenes de ribera de un puerto medieval, por ellas han pasado cantidades ingentes de sal y otros productos. En el siglo XVI le fueron concedidos derechos propios de exportación, que se prolongaron durante parte de la centuria siguiente, favorecido por el auge del comercio de la mantequilla, la madera, el pescado seco, el lino y el alquitrán. La euforia duró hasta que ese tráfico mercantil fue desviado al puerto de Helsinki. 

Porvoo es la segunda más antigua de Finlandia después de Turku y es una visita muy recomendable en cualquier estación del año, aún en el crudo invierno, pues la zona residencial del casco antiguo con sus casas de madera y sus calles adoquinadas en ordenada mesura visual tiene un encanto especial, cuyo disfrute nos hace evocar vivencias y episodios de otras épocas. Está situada a unos cincuenta kilómetros de la capital del país y en verano es posible llegar a ella a bordo de uno de los históricos vapores de proa recta, popa de espejo y máquina de vapor que operan desde Helsinki, a modo de reminiscencias de los años idos para siempre.

Después de siete siglos de unión con Suecia, la guerra iniciada en 1808 puso fin a su término a la histórica relación y en 1809 Finlandia fue anexionada a Rusia, en tiempos del zar Alejandro I. Comenzó entonces la historia del Gran Ducado, en la que Porvoo fue la sede de la Dieta, convocada aquel año. Episodio que tuvo un relevante protagonismo en la confirmación de la nueva constitución finesa, que era, en realidad, una prolongación de la sancionada en 1772, cuando el dominio sueco y determinó la concesión de una considerable autonomía para el vasto territorio, incluida su religión y los derechos sobre sus fincas.

El zar Nicolás I, que reinó entre 1825 y 1855, quiso darle el estilo imperio a la ciudad de Porvoo y propuso deshacerse de la zona antigua, densa y con riesgo de incendios, para sustituirla por una nueva, de planta rectangular y espaciosa, a la forma que entonces imperaba en el urbanismo de nuevo cuño en Rusia. La suerte acompañó entonces a Porvoo, pues se produjo una expansión hacia el sur siguiendo las trazas de la ampliación de St. Petersburg. El encargado fue el arquitecto alemán Carl Ludwig Engel, cuya impronta en Helsinki está presente en los edificios más notables que componen la Plaza del Senado.

Desde el punto de vista cultural, Porvoo ha sido durante siglos hogar y fuente de inspiración de destacados artistas finlandeses. Algunos autores la consideran, incluso, la precursora del proceso de independencia, del crecimiento económico y de la cultura nacional del siglo XIX. Entre ellos destaca Johan Ludvig Runeberg (1852-1877), uno de los poetas más brillantes del país, cuya casa natal está convertida en museo desde 1882. Runeberg es el autor de la letra del himno nacional finlandés, Maame (Vårt LandNuestro país) y una marcha militar titulada Porilaisten marssi. Otro de los grandes artistas nacidos en Porvoo fue el gran pintor Albert Edelfelt (1854-1905), cuyo padre era arquitecto y en su casa se respiraba una gran admiración por la persona y la obra de Runeberg, amigo de la familia y de Engel.

Citaremos al escultor Ville Vallgren, autor de una Cabeza de Cristo que ganó medalla de oro en la Exposición Universal de 1889. Walter Runeberg, hijo de Johan Ludvig, también fue un escultor reconocido dentro y fuera de las fronteras de Finlandia. Lennart Segerstråle, conocido por sus piezas monumentales, también trabajó en Porvoo a comienzos del siglo XX. Del mismo modo que el trabajo de Louis Sparre, uno de los pioneros del diseño finlandés, permitió la puesta en marcha de la fábrica de mobiliario Iris. La cerámica de A.W. Finch tiene en Porvoo sus orígenes y la lista suma más nombres, que detallaremos en otra oportunidad.

Fotos: Discovery Finland

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