De la mar y los barcosDestacado

La vida marinera del segundo “Villafranca” (1967-1988)

Fruto de la política de expansión comercial internacional de la industria naval española de comienzos de la década de los años sesenta fue el contrato firmado entre la Empresa Nacional Elcano y la naviera Fred. Olsen & Co., con sede en Oslo, para la construcción de cuatro buques en el astillero de Sevilla, que no llegaron a enarbolar bandera noruega, como estaba previsto.

Nombrados sobre el proyecto “Bretagne”, “Bastant” –que no “Bastart”– “Brisk” y “Brilliant”, los contratos fueron rescindidos debido al incumplimiento en los plazos de entrega contractuales del astillero español, lo cual era un reflejo de las dificultades por las que atravesaba el sector público. 

De modo provisional recibieron las denominaciones “ASTENE 94”, “ASTENE 95”, “ASTENE 96” y “ASTENE 97”, siendo botado este último proa al agua. Por sus especiales características, los cuatro buques resultaron de difícil venta, y después de múltiples gestiones se recibieron ofertas de dos compañías extranjeras y de una española, siendo esta última, Castañer y Ortiz, la que ofreció mejores condiciones. En agosto de 1966, el cuarteto estaba terminado y amarrado en el puerto de Sevilla, siendo entregados en el transcurso de 1967 a su nuevo propietario [1].

Se trataba de buques de carga paletizada equipados con un moderno sistema formado por un ascensor combinado con un equipo de rodillos que, con la ayuda de carretillas eléctricas, movían la carga desde los entrepuentes hasta las cubiertas correspondientes y las posicionaban en el costado y viceversa, a través de dos grandes compuertas en cada costado. Fueron los primeros de su clase construidos en España. 

Cuando enarbolaron bandera española pasaron a llamarse, por el orden citado, “Villablanca”, “Villaverde”, “Villafría” y “Villafranca”. Los armadores tuvieron que buscar tripulaciones y en la prensa de la época apareció un anuncio que decía “Si quieres ser feliz, navega en Castañer y Ortiz”. Pronto encontraron oficiales, maestranza y subalternos y los cuatro buques entraron en servicio primero fletados a COFRUNA y después a Naviera Pinillos y entre ellos recordamos al capitán Miguel Ángel Díaz de Madariaga, luego práctico del puerto de Santander.

El buque que nos ocupa, llamado “Villafranca” –“Brilliant” sobre el proyecto– fue el último de la serie. Construcción número 97 del astillero sevillano, fue botado el 10 de diciembre de 1965 y la entrega oficial se produjo el 8 de agosto 1966. En noviembre de 1973 pasó oficialmente a la propiedad de Castañer y Ortiz y a partir de 1974 navegaron en exclusiva en la línea Canarias-Península –Levante, Cataluña y Cantábrico–, llevando en los viajes de bajada coches Seat embarcados en Barcelona, muebles de Valencia y otras mercancías y de retorno subía con plátanos [2].

Debido a los frecuentes cambios de criterio de la CREP, en 1982 fue transformado en buque climatizado. Los trabajos se efectuaron en Vigo y así se mantuvo en servicio hasta 1988 –desde hacía dos años era propiedad de Naviera Guadiaro–, en que se vendió a la sociedad Elmore Investment Corp., siendo renombrado “Calao Reefer” y reconvertido en frigorífico en ASTICAN. El 11 de noviembre de 1992 se hundió cuando navegaba a unas 300 millas al WSW de Freetown, en la posición 05º 59’ N y 171 55’ W.

De 2.334 toneladas brutas, medía 83,25 m de eslora total, 14 m de manga, 9,98 m de puntal y 5,50 m de calado. En dos bodegas tenían capacidad para 4.615 metros cúbicos de carga en grano. Eran barcos con una estampa característica, es decir, sentados de popa y alterosos de proa, de modo que cuando soplaban vientos de proa avanzaba poco. Estaba propulsado por un motor Götaverken 520/900VGS/5, fabricado bajo licencia por Elcano, de 2.500 caballos de potencia sobre un eje, que le daba 12 nudos de velocidad con buen tiempo. Código IMO 6603529.

Notas

[1] Díaz Lorenzo, Juan Carlos (2006). Empresa Naviera Elcano. Sesenta años de historia, pp. 328-330. Madrid.

[2] Para más detalles consultar: Álvarez Blanco, Ricardo (2001). Los barcos de Pérez y Cía, pp. 185-186. Santander.

Foto: Teodoro Diedrich vía Alberto Mantilla

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