El mundo de la aviación

La escuela Fokker F-28 de los pilotos de Iberia

En 1969, Iberia decidió incorporar un avión reactor al programa de vuelos de instrucción de los pilotos, hasta entonces a cargo de los veteranos Douglas DC-3. El avión elegido fue el Fokker F-28 Fellowship, que era entonces el reactor más pequeño del mercado, parecido al Douglas DC-9 y BAC-111, capaz de operar en pistas cortas y poco preparadas, además de su idoneidad para permitir el paso a las flotas Caravelle y DC-9.

La diferencia técnica más notable con los aviones de similar categoría consistía en que no disponía de inversores de empuje, sustituidos por unos potentes aerofrenos en la punta de cola, que desempeñaban la misma función y le hacían un avión característico.

Iberia firmó un contrato con el fabricante holandés para tres unidades en régimen de alquiler con opción a compra, destinados a vuelos de instrucción y carga, a pesar de que no tenían portalones, lo que limitaba sus posibilidades y excluía totalmente la posibilidad de transportar pasajeros, aunque en origen disponía de 65 asientos. Para su conversión en cargueros se instaló en el suelo de la cabina de pasaje un sistema de rodillos para facilitar el manejo de la carga.

Los tres aviones, nombrados “Río Arga” (EC-BVA), “Río Segre” (EC-BVB) y “Río Jarama” (EC-BVC), pertenecían a la serie Mk-1000 y fueron entregados a Iberia en abril, mayo y agosto de 1970. A partir de entonces fue frecuente verlos operar en los aeropuertos de Madrid, Frankfurt, Ámsterdam, Londres y Canarias, entre otros destinos.

El 28 de diciembre de 1972, el tercero de ellos resultó destruido al sufrir un accidente en el aeropuerto de Sondica (Bilbao) y, a partir de entonces, la utilización de los dos aviones restantes disminuyó hasta que cesó su empleo en abril de 1974, pese a que la labor de escuela práctica de los F-28 de Iberia fue muy destacada, mereciendo múltiples elogios tanto profesionales como de las publicaciones especializadas.

Los elevados gastos de mantenimiento, factor éste derivado directamente de la condición de que no se podía montar una cadena de revisión de motores para un número tan reducido de unidades, ya que eran radicalmente diferentes de los que tenían instalados las otras aeronaves de Iberia, limitó bastante su operatividad.

En diciembre de 1974 se canceló el contrato y después de varios meses aparcados en la Nueva Zona Industrial de Iberia en Barajas, en mayo de 1975 los dos aviones fueron devueltos a su fabricante. Los avances logrados en los simuladores de vuelo, así como el encarecimiento del combustible, hicieron poco rentable el uso de aviones reactores en funciones de entrenamiento.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo. Juan Carlos (2001). Iberia, mil fotos para la historia. Iberia. Madrid.

Viniegra Velasco, Juan (1996). Aquella Iberia que hemos vivido. Iberia. Madrid.

Foto: Richard Vandervord

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