DestacadoTemas profesionales

La crisis de Ucrania, geopolítica, coerción económica e influencia sobre el tráfico marítimo

La crisis geopolítica que se vive en Ucrania, podría incrementar los precios del petróleo considerablemente. Y no solo ante el riesgo de un posible conflicto, sino por las sanciones económicas y comerciales que se pueden derivar de esa situación.

Los precios del barril de crudo podrían alcanzar e incluso superar en próximas fechas los 100 dólares, generando subidas de la inflación y lastrando la economía global. JP Morgan ha vaticinado costes incluso superiores y que llegarían a los 150 dólares por barril. Rusia es uno de los mayores exportadores mundiales de crudo, una interrupción de este flujo dispararía los precios.

La economía global, tras los peores momentos de la pandemia, necesita de estabilidad para reequilibrarse y que los bancos centrales puedan contener el fuerte ritmo inflacionista que se está dando en este momento. Una escalada de la tensión en Ucrania, agrava el escenario energético y redirige los tráficos marítimos por completo, afectando a todos los movimientos a nivel global.

Es erróneo asociar esta situación solo a la flota de petroleros o grandes graneleros. Los portacontenedores también deben llenar los depósitos de sus barcos de combustible para poder operar y si este sube exponencialmente de precio, el incremento repercutirá en el cliente final y en toda la cadena de suministro.

El problema llega además en un momento en el que los precios ya son altos. El combustible bajo en azufre (VLSFO 0,5%) ha alcanzado recientemente los 695 $/tm.

Terminal petrolera en la refinería de Amuay (Venezuela)

En Europa, una alternativa a los flujos actuales de producto, sería la importación por ejemplo a suelo europeo de productos procedentes de Oriente Medio y Asia, a través del Canal de Suez o del mercado estadounidense. Obviamente, todo por vía marítima y no por oleoducto. A medida que los puntos de suministro cambiaran, también lo haría la demanda y los fletes de los petroleros de gran capacidad, VLCC, Aframaxes y Suezmaxes, en detrimento de otros con menor desplazamiento. Por otra parte, Rusia también modificaría sus suministros a través de oleoducto, por envíos por vía marítima y a larga distancia a otros países aliados como China.

En el caso del gas natural, la complejidad geopolítica es aún mayor que con el crudo o productos refinados. La dependencia europea del gas ruso es incuestionable. El 40% del gas que se consume en Europa, proviene de Rusia. En Alemania este porcentaje es del 50%, motivo por el que el nuevo gasoducto Nordstream 2, que conecta Rusia con Alemania, adquiere un papel esencial.

Trazado de los gasoductos Nordstream

Una reducción de esta fuente de suministro activaría las importaciones de GNL desde EE.UU. y Qatar con la ayuda de gaseros de gran porte, pero con la consiguiente escalada de precios. La situación actual ha producido incluso, el desvío de cargas americanas de GNL hacia Europa, que tenían inicialmente como destino clientes asiáticos. El súbito incremento de los precios ha sido el detonante. Fruto de ello, se ha incrementado en un 70% la presencia de buques de GNL en Europa durante el último año y en paralelo, las reservas estratégicas han descendido al 40% de su capacidad.

Ante esta situación tanto el presidente de EE.UU., Joe Biden como la presidenta de la Unión Europea, Ursula von der Leyen se han comprometido a colaborar para garantizar la seguridad energética europea, motivo por el que EE.UU. se ha convertido ya en el mayor proveedor de GNL para Europa. Decisión que ha propiciado el desvío de al menos 20 grandes buques de GNL, desde el mercado asiático a aguas europeas y con ello los precios ya ascienden a 100 dólares el megavatio-hora. Si tenemos en cuenta que cada barco de GNL puede descargar en torno a 70.000 toneladas de gas natural licuado, esos 20 barcos desviados desde el mercado asiático, apenas incrementan un 2% los ya bajos inventarios de gas. Por lo tanto, la situación lejos de resolverse se plantea difícil, aún con la flota de gaseros a pleno rendimiento. La necesidad del suministro a través del gasoducto Nordstream 2 pesa demasiado ante los volúmenes que se demandan.

Tanto EE.UU. como Qatar están incrementando su producción de GNL para abastecer a Europa, pero hay que considerar los compromisos adquiridos por Qatar con los grandes importadores de gas en Asia y que tampoco pueden ser desatendidos. Buen ejemplo lo representa Japón, un gran consumidor, que con la llegada del invierno ha visto incrementado el precio del gas de manera considerable y reducidas sus reservas debido a la fuerte demanda internacional.

La respuesta rusa se está traduciendo en mover sus palancas económicas en el sentido de una reducción de entregas de gas a Europa, incluso con otros mercados energéticos de manera más ambigua. Las cifras apuntan a una reducción de los suministros gasistas de un tercio sobre el total. La Agencia Internacional de la Energía ha empezado a identificar fuertes elementos de rigidez en el mercado energético europeo debido a estas restricciones.

Tendido de gasoducto Nord Stream 2

Si estas medidas forman parte de un ejercicio de coerción económica hacia Europa, la Unión debe poner en marcha un sistema de contramedidas, que pasan necesariamente por alternativas asociadas al ámbito marítimo. Una vez mas la Marina Mercante se perfila como elemento geoestratégico fundamental en un momento de crisis, lo ha sido durante la crisis de suministros en plena pandemia y lo es asimismo en un momento de crisis energética, asociada a un conflicto geopolítico.

El mundo sigue cambiando a velocidad vertiginosa. Los países de la Unión Europea deben trabajar en una autonomía estratégica abierta, reforzar las relaciones con sus socios y trabajar en la reforma de la organización Mundial del Comercio y en el orden internacional, negociando con el resto de potencias para evitar los casos coerción económica y no perder liderazgos.

La Unión Energética de la UE podría ser un instrumento para trabajar en la diversificación del suministro de energía y protegerse contra la volatilidad de las fuentes de suministro, combinando tanto las fuentes que acceden de manera terrestre al territorio europeo, como por vía marítima. Reforzar esta autonomía económica y competitividad pasa también por un mayor control en el ámbito marítimo.

Una sólida red de relaciones comerciales facilitaría la diversificación, evitando una excesiva dependencia de otras potencias económicas. Con la firma del acuerdo de colaboración chino-ruso, escenificado en Pekín con el motivo de los juegos de invierno, el escenario internacional toma un giro importante, que obligará a replantear estrategias de mercado. Por otro lado, refuerza aun más, la agrupación de las potencias en dos grandes bloques. Una situación incómoda para la Unión Europa, que ha tratado siempre de ampliar su zona de influencia tanto a Oriente como Occidente.

Fotos: cedidas

Anterior

Cartagena y la breve etapa de la Escuela Naval Popular

Siguiente

La memoria fértil de Enrique Melón Rodríguez

Sin comentario

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *