Arte, Arquitectura y Patrimonio

La Alhambra. Ciudad, fortaleza y palacio (y II)

(*) Licenciado en Historia del Arte. Universidad de Santiago de Compostela

El núcleo de la Alhambra, llamada Casa Real Vieja, se compone de varios palacios dispuestos a lo largo del muro cortina norte que incorporan varias de las torres de éste. Los palacios siguen las tradiciones del diseño palaciego del mundo islámico occidental, compuesto por habitaciones ordenadas simétricamente alrededor de patios rectangulares.

En el Palacio de los Mirtos se entraba por la gran plaza situada frente a la Alcazaba, y se atravesaba el primer patio, cuyos cimientos indican que había un oratorio y un minarete pasando el segundo, llamado Patio de Machuca y del que sólo se conserva el pórtico norte y una torre. Desde él hay pasillos que acceden a una residencia, otro oratorio y la fachada del Mexuar [1], que es la entrada actual para el público.

El Mexuar, una de las zonas menos conocidas y más transformadas de la Alhambra, es una sala rectangular con cubierta plana sostenida por seis columnas. Leopoldo Torres Balbás se dedicó sistemática y exhaustivamente a rehabilitar esta área [2]. Consta de un primer patio (hoy conocido como patio de Machuca) por el que se accede a otro más pequeño, existiendo entre ambos un oratorio que, debido a la necesaria orientación hacia La Meca, se sitúa en diagonal respecto al trazado general del conjunto.

Desde él se pasa por una estrecha puerta al Cuarto Dorado, cuyas lisas paredes laterales destacan e iluminan la espléndida fachada de estuco tallado, al lado sur. Esta fachada interior, coronada por ventanas de celosías que permitían a las mujeres contemplar las actividades sin ser vistas y una cornisa de mocárabes que sostiene profundos aleros, presenta dos puertas idénticas. La de la derecha regresa al Mexuar, mientras que la de la izquierda conduce por un corredor con recodos al Patio de los Mirtos [3], que contiene un gran estanque bordeado de setos bajos.

Detalle de la fachada del cuarto dorado
Detalle de la escritura de la pared de la sala del Mexuar: "Sólo Dios es vencedor".
Detalle de la escritura de la pared de la sala del Mexuar: “Sólo Dios es vencedor”.

Unas puertas que se abren en los muros laterales acceden a habitaciones para las esposas del soberano, así como a zonas de servicio y al baño del palacio. A ambos lados, unos pórticos de siete arcos sobre delgadas columnas de mármol protegen la profusa decoración de azulejo y estuco en las paredes. En el centro del pórtico norte hay una puerta que da a la Sala de la Barca, que tiene un artesonado magníficamente ensamblado en forma de casco de barco –de ahí su nombre- y que fue en su tiempo dormitorio y salón del soberano.

Más allá está el Salón de Embajadores, una gran sala cuadrada [4] en el interior de una de las imponentes torres del recinto. Desde las profundas alcobas excavadas en los muros se domina la ciudad. La que está frente a la entrada es la más ricamente ornamentada, y el poema inscrito en sus muros indica que era el hueco donde se colocaba el trono. El suelo y las paredes están soberbiamente decorados con azulejos y estuco tallado; el techo, compuesto por miles de elementos sueltos de madera ensamblados para formar una bóveda piramidal, representa un cielo estrellado y bien pudiera simbolizar los siete cielos del Paraíso [5].

La zona al sur del Patio de Comares fue modificada cuando Carlos V ordenó construir allí su palacio, pero hasta entonces había una calle que conducía desde el Mexuar, pasando ante el mausoleo real [6]. Desde su entrada se accedía por un pasillo con recodos al Patio de los Leones [7]. Una arquería, sostenida por delgadas columnas dispuestas de una en una o en grupos de dos, tres y cuatro, rodea el patio y los quioscos que sobresalen a cada lado. En su centro fluye una fuente con doce leones de mármol blanco dispuestos en torno a una taza poligonal elevada, con inscripciones de versos del poeta andalusí Ibn Zamrak (c. 1333-1393).  

Torre de Comares al anochecer vista desde el paseo del padre Manjón
Torre de Comares al anochecer vista desde el paseo del padre Manjón

La fachada del palacio de Comares [8] es una de las más peculiares de la Alhambra. Situada ante el Patio del Cuarto Dorado, este espacio quizá sirvió para audiencias o para impartir justicia. La torre de Comares es la más alta del complejo y Yusuf I la levantó sobre otra anterior más pequeña. Si la arquitectura nazarí no es de grandes alturas, esta construcción puede considerarse una excepción.

Muhammad V concluyó el palacio con la construcción del Patio de los Arrayanes. El levantamiento del palacio de Carlos V destruyó el sector sur, donde estaba la llamada Sala de las Aleyas, paralela a la actual Sala de la Barca [9]. El Patio de los Arrayanes resulta interesante por la alberca, que cumple la función de servir de espejo a la arquitectura. Este efecto era totalmente consciente y existen recomendaciones al respecto en la tratadística arquitectónica islámica.

El esquema columna-arco peraltado-paños de sebka calados constituye un elemento que pretende dar un efecto etéreo a la arquitectura. Las formas netas y pesadas están en la parte superior (la propia mole de la torre de Comares) y la parte inferior parece más ligera y débil. Así se produce una inversión perceptiva de la lógica constructiva, reforzada y duplicada por el efecto especular antes citado.

Patio de los Arrayanes. La alberca resulta muy interesante
Patio de los Arrayanes. La alberca resulta muy interesante

En el costado oriental del Palacio de Comares se incorpora de forma transversal el palacio de Muhammad V o Palacio del Riyad (“Jardín”), cuyo centro lo constituye el famoso Patio de los Leones. En este patio hay dos andenes o paseos recorridos por canalillos de agua que se cruzan en el centro, donde se encuentra una fuente sostenida por doce leones dispuestos en círculo. Estos leones son muy parecidos a los que estuvieron en el Partal, procedentes del Maristán de Granada, lo que permite fecharlos en el siglo XIV. El patio limita a cada lado con suntuosas salas con bóvedas de mocárabes. Destacan en sus costados sur y norte sendas viviendas, una agrupada en torno a la Sala de los Abencerrajes y la otra con la Sala de las Dos Hermanas. Ambas suponen los más refinados logros en cuanto a la ornamentación y cubrición de espacios con mocárabes, consiguiendo ambientes de gran suntuosidad.

Al sur está la Sala de los Abencerrajes. Unas trompas sostienen un tambor estrellado y una soberbia bóveda de mocárabes, que quizás representa también la bóveda celeste. Al Este del patio está la Sala de los Reyes, que comprende espacios cuadrados y rectangulares en alternancia, y cámaras laterales auxiliares separadas por elaborados arcos de mocárabes y pintadas. Las pinturas, que están ejecutadas en yeso sobre cuero, representan hombres en vestimenta árabe y fábulas románticas de proezas caballerescas.

Al norte del Patio está la Sala de las Dos Hermanas, una sala cuadrada con alcobas en las plantas baja y primera. Unas trompas de mocárabes sostienen un tambor octogonal con ocho ventanas germinadas y otra soberbia bóveda de mocárabes. Desde la sala se pasa por otra habitación abovedada al mirador de Lindaraja, exquisitamente decorado, que domina los jardines que se extienden debajo. Este espléndido escenario arquitectónico fue embellecido con los mejores productos de los talleres locales, caso de un grupo de grandes jarrones de asas en forma de alas con decoración de reflejos metálicos, posterior al vidriado[10].

Las paredes de estuco tallado del interior de la Alhambra han sido comparadas a menudo con tejidos, pues sus campos cuadrados e infinitas repeticiones son característicos de los diseños textiles, una semejanza que los brillantes colores en que estaban originalmente pintados no habrían hecho sino acentuar.

“En el Generalife todo es sencillo e íntimo. No hay nada –arquitectura o naturaleza condicionada por la mano del hombre– que trate de asombrarnos con pretensiones de magnificencia o de monumentalidad”.
                                                           Leopoldo Torres Balbás

“Los árabes parece que prodigaron en Granada todo su saber y el arte de jardinería, cuyo recuerdo ha perdurado en España a través de los siglos”.
                                                           Marquesa de Casa Valdés

Notas:

[1] En árabe, mashuar, lugar para las audiencias reales.

[2] Algunos estudiosos, como Puerta Vílchez, han dicho que la Alhambra que vemos actualmente es “la Alhambra de Muhammad V y de Torres Balbás”.

[3] Mide 36,6 x 23,5 m.

[4] Cada lado mide 11,30 m.

[5] Blair, Sheila y Bloom, Jonathan M. Op. cit.

[6] En árabe, rawda.

[7] Tiene unas dimensiones de 28,5 x 15,7 m.

[8] Comares tiene una etimología incierta (Qumaris), pues procede de una lengua no árabe.

[9] En árabe, baraka, bendición divina.

[10] Blair, Sheila y Bloom, Johathan M. Op. cit.

Bibliografía: 

Barrucand, Marianne y Bednorz, Achim. Arquitectura islámica en Andalucía. Taschen. Köln, 2002.

Blair, Sheila y Bloom, Jonathan M. Arte y arquitectura del Islam (1250-1800).Manuales Arte Cátedra. Madrid, 1999.

Ettinghausen, Richard y Grabar, Oleg. Arte y arquitectura del Islam (650-1250).Manuales Arte Cátedra. Madrid, 1987.

Nieto Cumplido, Manuel. La mezquita-catedral de Córdoba. Escudo de Oro. Barcelona, 2005.

Palomero Páramo, Jesús: Historia del Arte. Ed. Algaida. Sevilla, 1996.

Fotos: Tuxyso, Shesmax, Roberto Chamoso G., Nsfoto Greenshed.

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