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Isaac Peral y las cajas de cerillas. La importancia del filumenismo

Corría el año de 1838 cuando en España comenzaron a fabricarse y comercializarse las “cajas de cerillas”, y casi desde ese mismo instante nació lo que hoy día se conoce con el extraño término de “filumenismo”, que no es otra que la expresión formada por las palabras griegas “philor” (amar) y “lumen” (luz/fuego).

Estamos seguros de acertar si afirmamos que desde ese año, debió de nacer el interés sobre todo de la chiquillería, de coleccionar los frontales de esas cajas, que empezaron por representar diversa flora y fauna salvajes, peces, personajes de la realeza y políticos, banderas de países del mundo, monumentos o uniformes de soldados. Posteriormente, con la aparición del cine, serían las entonces “estrellas y actrices” quienes darían motivo para ilustrar esos frontales, y qué decir cuando hizo su aparición en escena el mundo del fútbol, que daría lugar a que se vieran reflejados en ellas tanto los escudos de los equipos como los propios futbolistas. Todo ello, hacían en su conjunto que fuera muy apetecible el coleccionarlos, primero entre los niños y creemos que casi simultáneamente entre los menos niños también.

Pero a todas esas series citadas dignas de ser coleccionadas, habría que añadir algo muy importante, como era la transmisión de eventos importantes. Hay que tener en cuenta que era aquella una época donde la prensa diaria estaba solo al alcance de unos pocos, por lo que la gente del pueblo -analfabeta además en un porcentaje alto-, no tenía acceso a enterarse de muchas cosas de la vida cotidiana, de ahí la importancia del tema que nos ocupa, las cajas de cerillas como medio de difusión de eventos importantes, habida cuenta además que si bien los hombres que fumaban eran de clase alta/media, las señoras precisaban “de todas, todas” cerillas para encender los fogones en casa, es decir, cualquier niño tenía acceso a coleccionar esos frontales de cajas de cerillas, con las que se llegaban a hacer curiosos álbumes “monográficos” muchos de ellos y realmente “a coste cero”.

Así, el hecho de recortar los frontales, generalmente de cartón más o menos rígido, y archivarlos, proporcionaba una gran dosis de cultura, arte o sabiduría a quien lo hacía, no pudiendo faltar entre todos los eventos dignos de ser inmortalizados en las cajas de cerillas españolas de finales del XIX, todo lo concerniente al submarino Peral, pues no sólo quedaron reflejados el proceso de construcción, puesta a flote, pruebas de mar, lanzamiento de torpedos, etc., sino cualquier cosa que tuviera relación con invento o inventor, que iban desde dejar constancia de los homenajes que Isaac Peral recibiría en la capital de España, la representación del escudo de su apellido, o la imagen no solo suya sino también las de los oficiales de la mítica dotación del primer submarino torpedero de la historia.

Todo ello haría que la gesta que supuso la construcción del submarino Peral llegara hasta los más recónditos lugares de la geografía española, gracias a algo tan simple como unos frontales de cajas de cerillas. Si a eso añadimos que unos niños del XIX decidieran coleccionarlas y que varias generaciones posteriores decidieran ir guardándolas, hoy tenemos el privilegio de poder contar con ellas para, entre otras cosas, poder mostrarlas en un futuro -entre otros cientos de objetos de época- en lo que será la casa museo de Isaac Peral.

Fotos: archivo de Diego Quevedo Carmona

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