Protagonistas de la mar

Hasta siempre, querido Lucinio

Siempre resulta penoso despedir a un compañero cuando ha emprendido el viaje eterno. Si además de compañero ha sido durante varias décadas un leal y entrañable amigo, este sentimiento es aún mayor. Hace unos días Lucinio Martínez Santos (1934-2019) nos ha dejado y son muchos los recuerdos que nos vienen a la memoria, porque muchos fueron los momentos y responsabilidades que compartimos en aquellos felices años de mucho trabajo y no pocas responsabilidades.

Lucinio ingresó en Compañía Trasatlántica Española en el año 1971 con el aval y la confianza de José Ignacio de Ramón Martínez; ambos se conocían de trabajos anteriores relacionados con el sector marítimo y en la centenaria naviera permaneció hasta 1993. Su reconocida experiencia previa en el sector de la construcción naval, pues de 1956 hasta 1971 trabajó en La Naval de Sestao, fue requisito necesario para que se le encomendara la responsabilidad y no fácil tarea de jefe de la oficina técnica de Trasatlántica; función que a lo largo de los años y hasta su jubilación desempeñó con la minuciosidad y dedicación que siempre le caracterizaron. 

El personal de flota tuvimos en Lucinio a un fiel aliado quién, con extremo agrado y excepcional eficiencia, siempre atendió todas las necesidades y requerimientos de forma rápida y eficaz. Recuerdo como si hubiese sido ayer aquel viaje a comienzos de los años ochenta, que tuvimos ocasión de compartir juntos a bordo del buque “Guadalupe I”, mandado por un experto en difíciles navegaciones por el Atlántico Norte, el capitán y buen amigo de ambos José Ángel González Guisande. Las peripecias y momentos compartidos durante aquellos dos meses con el bueno de Lucinio a bordo, pasaron a formar parte de lo inolvidable.

Su familia siempre fue su ilusión y su total dedicación, el rigor en el trabajo la herramienta necesaria para dedicarles todo lo mejor; sus compañeros y amigos, entre los que tengo la satisfacción de haberme encontrado, deseamos y esperamos, que de acuerdo con sus convicciones religiosas, se encuentre ya disfrutando de lo que bien se merece.

Hasta siempre, querido Lucinio.

Foto: cedida

 

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