El mundo de la aviación

En tiempos del avión Fokker F-27 de Iberia y El Teide majestuoso

La gran Iberia, aquella compañía extraordinaria que tanto significó en la modernización del transporte aéreo de España, contrató con el prestigioso fabricante aeronáutico holandés Fokker la construcción de ocho aviones Fokker F-27 de la serie-400, al precio unitario de 74 millones de pesetas, que fueron entregados entre septiembre de 1967 y mayo de 1968. Recibieron nombres de ríos de la geografía nacional (“Ebro”, “Tajo”, “Guadalquivir”, “Duero”, “Miño”, “Segura”, “Guadiana” y “Pisuerga”) y cada uno de ellos tenía capacidad para 44 asientos, dos pilotos y una azafata.

La operatividad de la flota Fokker alcanzó un elevado grado de satisfacción y popularidad, un hecho que se consolidó con la familiaridad de sus tripulaciones, entre los que destacaron –y aún hoy son gratamente recordados–, los comandantes Vicente Ramos Hernández (jefe de flota) y Álvaro González Tarife (instructor), ambos naturales de Tenerife y dos figuras relevantes de la aviación comercial española. El servicio a bordo alcanzó un reconocido prestigio, en el que tuvo mucho que ver la entonces jefa de azafatas, Pilar Valero Nájera. Otros comandantes del Fokker F-27 de Iberia en Canarias fueron Rafael Cubero Robles, Carlos Gómez Campos, Antonio Arias Ramos, Antonio Sendín, Santiago Díaz Pintado, José Antonio de Porras Brun, Sebastian Coronil Corchado y Cáceres Elbina y los hermanos Juan Carlos y Manuel Jaime Jiménez. 

La profesionalidad de los pilotos del Fokker –tanto en la etapa de Iberia, como después en Transeuropa y AVIACO– se puso de manifiesto siempre, especialmente en aeropuertos difíciles como El Hierro, que entonces sólo tenía una pista de 1.050 m; Buenavista, en La Palma, considerado un portaaviones anclado en tierra y Los Estancos, en Fuerteventura. En aquellos años se produjo, además, una extraordinaria relación respetuosa y afectiva entre pasajeros y tripulantes, que eran considerados parte importante de la sociedad insular, a la que servían con dedicación y esmero y así fueron reconocidos en diversas ocasiones.

La imagen que acompaña –y que publicamos en el primer tomo de nuestro libro “Las alas del Atlántico”– tiene un significado especial. En ella vemos al avión Fokker F-27 EC-BMT “Tajo”, sobrevolando la costa norte de Tenerife con el majestuoso Teide al fondo. Años después, Iberia le rendiría tributo en marzo de 1981, cuando incorporó el segundo avión Airbus A-300 EC-DLF, al que impuso el nombre de “Teide”.

Foto: obtenida desde el Fokker F-27 de Iberia EC-BOB (vía Juan Izquierdo)

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