Del Cronista Oficial

En memoria del ingenio y buen quehacer de Luis Hernández

Los años vividos y compartidos, que han sido muchos, se vuelven apenas un soplo en el instante de la despedida terrenal del amigo, pariente y paisano Luis Hernández Hernández (Fuencaliente de La Palma, 1933-2022), que hoy ha emprendido el viaje eterno, en el que disfrutará a donde quiera que vaya de lo que siempre ha cosechado en esta vida: un hombre de bien.

Luis abandera a toda una generación de paisanos forjada en los eternos valores de querer ser más y mejores personas sin hacer daño; del trabajo y el esfuerzo como medio de vida y superación personal en el afán de construir y disfrutar de un pequeño mundo mejor; del orden y el respeto como fundamentos de la propia existencia y de la mejor interrelación social y un amante profundo de su familia y de su pueblo natal, al que siempre entregó sus mejores desvelos.

Conocido como Luis “el de la luz”, por su profesión de electricista, trabajó para UNELCO en la electrificación insular de La Palma y siempre dio muestras de capacidad y buen quehacer, ayudando a sus vecinos y amigos en todo lo que él sabía hacer. De ese afán por corresponder a los demás, casi pierde la vida cuando la erupción del volcán Teneguía, en noviembre de 1971, al quedarse sin conocimiento por inhalación de gases tóxicos en compañía de unos amigos llegados desde Gran Canaria, a los que llevó a ver la lava de cerca por la carretera de la Costa.

Luis era un hombre curioso en su determinación por saber más, siempre atraído por las novedades técnicas; ingenioso en la solución de las cosas grandes y pequeñas y ocurrente en su latente agudeza innata. En unión de su mujer Rosita, siempre fue una persona de una gran generosidad y cordialidad. Diríamos más, incluso, entrañable. Su casa de la esquina de la Puerta del Viento, situada a la entrada norte de Fuencaliente donde antes estuvo la gasolinera y donde la carretera hace esquina para bajar a Las Caletas, no solo es un referente geográfico, sino un hogar de nobleza, honestidad y afectividad, una parada siempre grata en la correspondencia amable forjada en la buena vecindad, el parentesco y el paisanaje.

Descanse en paz el querido amigo Luis. Con él se ha ido uno de los coprotagonistas de un capítulo de la historia de Fuencaliente casi ayer. Estamos seguros que vivirá siempre en la memoria fértil de los suyos y también en la memoria colectiva y agradecida de su pueblo por su generosidad, afecto, entrega y dedicación.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

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