
En memoria del capitán José Manuel Jiménez Morales
Desde Vigo, donde vivió los últimos años con frecuentes campañas invernales en la villa mariana de Candelaria, Tenerife, nos llega la triste noticia del fallecimiento del capitán José Manuel Jiménez Morales, que ha emprendido la singladura eterna a los 93 años.
Amigo entrañable de días felices, siempre le recordaremos con un especial sentimiento de afecto y gratitud, tanto por los años en que le conocimos en activo como después jubilado, en que compartimos frecuentes encuentros en compañía de su mujer Manoli, a quien transmitimos nuestras sentidas condolencias.
Nos deja una de las últimas figuras históricas de los “delfines” de Compañía Trasmediterránea, en los que navegó como primer oficial y capitán del ferry “Villa de Agaete”, aunque desde su llegada a la compañía en 1975 navegó también en los buques “Santa María de la Candelaria”, “Ciudad de Huesca”, “Ciudad de Teruel”, “Santa María de la Paz”, “Ciudad de Burgos”, “Ciudad de Zaragoza”, “Monzón”, “Levante”, “Ciudad de Alicante”, “Ciudad de Cádiz”, “Siroco”, “Cierzo” y “Ciudad de La Laguna”.
Nació el 14 de agosto de 1933 en Santa Cruz de Tenerife, de padre tinerfeño y madre herreña y estudió en la vieja Escuela Oficial de Náutica, de la que salió alumno en septiembre de 1952, pero tuvo que esperar hasta julio de 1953 para su primer embarque en el petrolero panameño “Gerez”, que sería renombrado “Arapiles” y fue testigo de su abanderamiento en España el 21 de diciembre de aquel año en el puerto de Ceuta.
Terminó sus prácticas en el vapor “León y Castillo” y obtuvo el título de piloto en 1956. Debido a las dificultades de entonces para encontrar embarque, antes del servicio militar en la Armada embarcó de marinero en el frutero sueco “Munin” con el título en el bolsillo por si surgía una plaza de tercer oficial, lo que no sucedió.
En diciembre de 1957 embarcó de tercer oficial en el primer “Zaragoza” de CEPSA. Más tarde, con plaza de segundo y primer oficial, navegó en los petroleros “Gerona”, “Vitoria”, “San Marcial”, “Bruch” y “Monteleón”, hasta 1963, en que abrió un paréntesis hasta 1970, en que trabajó en el sector de hostelería, reembarcando de oficial en el buque “Lago Negro” y después volvió a CEPSA hasta el verano de 1972, en que desembarcó para prepararse para el examen del título de capitán, mientras alternaba con sus actividades de hostelería. En febrero de 1975 embarcó de primer oficial en el primer “Benchijigua”, donde permaneció por espacio de cinco meses.
En una entrevista que le hicimos en octubre de 1986 y que está publicada en Diario de Avisos, decano de la prensa de Canarias, afirmaba que “la mar me impone un gran respeto y eso lo conservo desde el primer día en que empecé a navegar. Por eso siempre me ha gustado estar preparado para luchar en las condiciones más adversas que se puedan presentar. Los barcos, aparte de ser nuestro medio de vida o puesto de trabajo, es nuestro hábitat, y por ello hay que procurar hacerlos acogedores si es que no lo son, porque, insisto, es muy importante la convivencia a bordo para conseguir en todo momento un equilibrio psíquico de la tripulación”.
“Puedo asegurar que mi vocación náutica no me viene de familia, puesto que soy el primero y el único. Mi padre quería que fuese médico, o tal vez militar, pero nunca pensó que me llamase la mar; sin embargo, me convencí de que tenía verdadera vocación y siempre me he esforzado por superarme, aunque reconozco que a veces se decepciona uno al sentirse algo desplazado de la sociedad, sobre todo si se hacen viajes muy largos o permanece mucho tiempo seguido embarcado”.
Descanse en paz.





Fotos: archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

