Del Cronista Oficial

En memoria de abuela Maruca

La memoria fértil nos enjuaga los ojos en lágrimas de gratitud al evocar la añorada ausencia de quien con tanto cariño, armonía, humildad y gestos de buen y bien hacer siempre nos hizo sentir queridos. El tiempo transcurrido desde aquel 31 de mayo de 1988, lejos de borrar tu recuerdo, lo ha convertido en una constante vital y, al desgranar el rosario de los recuerdos, no hay cuentas suficientes que enumeren tanta emotividad en los años vividos.

Vives, querida abuela Maruca, en la esencia misma de nuestros corazones. Acaso no exista gratitud suficiente para llenar tus manos plenas de generosidad, de corresponder a tu mirada rebosante de dulzura, el tono amable y pausado de tu voz siempre comedida, tu sonrisa grácil y pausada, tu abrazo cálido, el tacto suave de tus cabellos ondulados… las enseñanzas y los consejos útiles de tu magisterio fecundo a modo de herencia rica en experiencia, amor y sabiduría.

Vives en la memoria que mantiene el equilibrio de las esencias vitales, donde la patria chica es una evocación constante en el punto de partida: el pueblo esparcido en la pronunciada pendiente donde levanta sus paredes la casa natal y los arenales convertidos en cuna de virtudes. De los entrañables encuentros familiares y vecinales en torno a las tradiciones heredadas. De la emigración de ida y vuelta a la tierra prometida pagada en alto precio y de quienes te acompañaron a lo largo de tu existencia y también habitan en el recuerdo imperecedero.

De tus esfuerzos y constancia, de tu instinto maternal, de tu afán de superación frente a la adversidad y la tragedia. Siempre henchida del calor constante y anchurosamente humano y hermoso de quien supo derrochar afecto a raudales y nos hizo aprender y comprender las cualidades de las personas elevadas de espíritu, envueltas en alma buena, noble y libre como la tuya. Porque el paso del tiempo, lejos de envolverte en la polvareda del olvido, te hace sentir muy presente en el latido de quienes te amamos sin límites, como tú lo hiciste en los días más felices de nuestra existencia compartida.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

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