El mundo de la aviación

El vuelo de Binter a Asturias aterriza en Pamplona

Los pasajeros del vuelo de Binter en la línea Gran Canaria-Asturias de ayer domingo, pasaron primero por el aeropuerto de Pamplona y finalmente llegaron a Asturias con algo más de siete horas de retraso sobre la hora programada. No estaba previsto que el vuelo fuera así, pero cuando habían embarcado en Gran Canaria y después de que una “pequeña avería” en un fusible que se esperaba reparar en 20 minutos, al resetear de nuevo el equipo parece que la respuesta no fue la prevista, lo que obligó al desembarque de los pasajeros con la previsión de que la incidencia pudiera estar resuelta en unas dos horas. Lo cual tampoco se cumplió y el retraso acumulado se prolongó por espacio de seis horas.

Finalmente, Binter decidió, “pensando siempre en lo mejor para los clientes”, llevar a los pasajeros de Asturias en vuelo programado a Pamplona –donde embarcaron quienes tenían como destino a Gran Canaria, que también pasaron primero por Asturias– y finalmente desembarcaron los pasajeros con destino a Asturias, de modo que la llegada prevista para las 17 h se produjo a las 00,15 h de hoy, lunes.

Si hubo avería o no, eso es algo que entra en lo probable y en todo caso forma parte del mundo de la aviación, pero lo que sí se pone de manifiesto, según la impresión de los pasajeros habituales en la línea de Asturias, es que la ocupación del vuelo de ayer rondaba, si acaso, el 40%. Lo cual les hace sospechar de que “juntaron dos vuelos en uno” pasando primero por Pamplona. Mientras tanto, las redes sociales de Binter guardan silencio y permanecen ausentes ante este hecho.

Además, la operativa de Binter este sábado en la línea Palma-Tenerife Norte sufrió un retraso de 50 minutos también “por causas técnicas”. Aunque el piloto se dirigió a los pasajeros en un breve mensaje, incluida la lectura del mensaje acerca de las supuestas bondades del sistema de aire acondicionado en su eficacia contra la pandemia del coronavirus, la megafonía a bordo impidió escuchar sus palabras. Lo mejor del vuelo, la extraordinaria amabilidad de sus azafatas, esa maravillosa profesión que ahora se denomina TCP y en especial de su sobrecargo. 

Foto: cedida

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