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El volcán de La Palma arrasa 170 casas e invade Todoque

Unas 170 viviendas han sucumbido, de momento, ante el paso devastador de la lava del nuevo volcán de La Palma. Se han visto afectadas, asimismo, algo más de cien hectáreas, que serán bastante más en las próximas horas a medida que avance la lava, que tiene una altura de unos seis metros y arrasa todo lo inmóvil que encuentra a su paso. Amenaza el centro de Todoque y se teme por la iglesia de este barrio, edificada a finales de la década de los años cincuenta.

Quedan por delante no solo casas, en número importante, sino fincas de plátanos, explotaciones agrarias y medios de vida de gente trabajadora que asiste, en medio de un gran dolor, a la pérdida irreparable de lo que tanto esfuerzo les ha costado. La imagen que acompaña procede del satélite Copernicus, que permite apreciar el recorrido que hasta ahora ha seguido la lava procedente del volcán del que La Palma no quiere ponerle nombre.

La lava tardará todavía unas cuantas horas en llegar al mar. Tiene, por delante, mucho que destruir y se toma su trabajo con calma, pues ha disminuido la velocidad destructiva. En poco tiempo cortará la carretera que une Los Llanos de Aridane y Puerto Naos. Más tarde hará lo mismo con la carretera de la Costa de Tazacorte.

Hay mucho dolor, mucha tristeza, mucha pena por lo que se está viviendo. Hay, también, mucha solidaridad y un gran trabajo sin descanso de quienes velan para que no haya desgracias entre las personas y salvan animales domésticos y de corral.

“Lucifer está en La Palma”, titula en su muro de facebook el profesor y político palmero Primitivo Roberto Jerónimo Pérez.

“Un nuevo temblor, muy fuerte, extraño… porque no es normal cuando un volcán está en erupción.  Una nueva boca, la novena ya… y situada más al noroeste, más alejada de la cima y más cerca de la gente.

Esto es lo más parecido al infierno. Una pared negra de diabólicas escorias que arrasan centenares de viviendas y crean locura. La gente que perdió la ilusión deambula por las calles de Los Llanos como autómatas, con la mirada perdida y ausente.

No acertó la ciencia: salió Satanás a casi cinco kilómetros de donde lo predijeron. No hay esperanza. No existen casas, no hay huertas, no hay niños en las escuelas porque se las llevó el volcán con sus ilusiones. Los ruidos tenebrosos y el fuego de color de Luzbel, despierta interés frívolo en los que no sufren con el dolor ajeno.

No vengan a ver el mal, no asistan al espectáculo ignominioso de este volcán de las entrañas vampíricas de sangre infame. Es un espectáculo de miseria y dolor. Es el fin”.

Foto: Copernicus

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