Del Cronista Oficial

El volcán de 1677, según la crónica de Juan Pinto de Guisla

En el siglo XVII se produjo una segunda erupción en la isla de La Palma, la del segundo volcán de Fuencaliente. El extraordinario cráter volcánico de San Antonio, tradicionalmente asociado a ésta, como se ha recogido en la bibliografía histórica, corresponde —según los estudios geológicos recientes y el análisis y la reinterpretación de los relatos de la época— a un aparato volcánico preexistente, relacionado con algún episodio eruptivo de varios miles de años de antigüedad [1].

La erupción del volcán de Fuencaliente, además de sepultar el manantial de aguas termales de la Fuente Santa, causó daños de cierta importancia, según explicitan las crónicas de la época, provocando, debido a los continuos movimientos sísmicos, el desplome de la espadaña de la iglesia de San Antonio Abad, así como la desaparición de un grupo de casas, algunas de las cuales se encontraban en las proximidades del Roque Teneguía y acabaron sepultadas por las cenizas y las escorias vomitadas por el volcán [2].

De los documentos consultados, uno de especial interés es la versión que ofrece Juan Pinto de Guisla, testigo presencial del singular acontecimiento, compilada por el cronista palmero Juan Bautista Lorenzo Rodríguez a finales del siglo XIX. Al final de la citada crónica, se dice lo siguiente:      

“Los temblores de tierra se han continuado sintiéndose en la ciudad y causando mucho temor; y en particular se sintió uno mayor que los ordinarios el domingo 9 de Enero a las 5 de la mañana con que se atemorizó el pueblo, de manera que mucha parte con el Clero se juntó a aquella hora en la Parroquia donde está Ntra. Señora de Las Nieves, a implorar su Patrocinio; y este día se puso patente el Santísimo Sacramento y se hizo procesión general con mucha devoción, que se remató con una plática que estaba prevenida después de otras que habían precedido los días anteriores, y tocó al Padre Fray Lucas Milán, Lector de Arte, en el convento de San Francisco de esta ciudad, con la cual, así por el espíritu del Predicador como por lo adecuado del asunto que eligió y disposición de los ánimos atemorizados con el temblor de tierra, conmovió al pueblo a muchas lágrimas”.

“Está el volcán en su fuerza sin disminución, y de todas las bocas que abrieron sólo permanecen la principal de sobre la montaña, por donde salen llamas, humo, piedras y arena, y las tres que están a la subida, que son las que brotan la materia flúida que ha cubierto y cerrado las demás bocas corriendo sobre ellas continuamente, los temblores de tierra y con ello las tribulaciones de los habitadores de esta isla que con continuas súplicas, imploran la Piedad Divina por medio de María Santísima Nuestra Señora, cuya Santa Imagen de las Nieves queda en esta ciudad en el Convento de Religiosas Claras, de donde se volverá a la Parroquia continuándose las rogativas hasta que Nuestro Señor se acuerde de usar con nosotros de misericordia, librándonos de esta tribulación” [3].

Otro conjunto documental interesante corresponde a las cartas escritas por el licenciado Melchor Brier de Monteverde, vicario del obispo, fechadas los días 22 y 30 de noviembre y 10 de diciembre de 1677, respectivamente. En la segunda de ellas, Melchor Brier anota:

“Dicho D. Antonio [Pinto, alguacil mayor] dio aviso de cómo había cesado a Dios gracias el volcán dejando de correr los tres ríos de fuego, y desde el día 22 siguiente Nuestra Señora de las Nieves, Patrona de aquella isla, siendo digno de notar que el mismo día 21 dijo el Sr. Obispo misa en Nuestra Señora de Candelaria […] aplicada por esta intención y remedio para este volcán, y parece que desde el cielo está manifestando Nuestra Señora el que para veneración de este prodigioso santuario de Candelaria, y no es menos circunstancia la del día 21, que dedica la Iglesia a la gloriosa virgen y mártir Santa Inés, cuyos méritos apagaron la hoguera de fuego que estaba encendida para su martirio”[4]

Notas

[1] Otros datos que avalan el error histórico sobre el volcán de San Antonio figuran en un informe del ingeniero L. Torriani de 1585 —coincidiendo con la erupción del volcán de Tihuya—, en el que traza un rudimentario mapa y aparece el cono volcánico de San Antonio. Además, la presencia de lavas en lo alto del caserío de La Fajana, en Fuencaliente, datadas en unos 3.500 años de antigüedad, bordean también la base del edificio volcánico de San Antonio, lo que viene a ratificar que ya se encontraba allí mucho antes de 1677.

[2] El volcán estuvo en actividad durante 66 días, desde el 17 de noviembre de 1677 hasta el 21 de enero de 1678, en que sepultó la renombrada Fuente Santa. En comparación con las erupciones de 1585 y 1646, el aporte documental resulta más reducido. Contemporáneo a la erupción sólo existe un manuscrito, cuyo paradero se desconoce, del que existen varias transcripciones completamente distintas, aunque el autor del que se afirma recoger los datos es siempre el sacerdote Juan Pinto de Guisla.

[3] Lorenzo Rodríguez (1975-2000), v. i, pp. 242-244.

[4] Anaya Hernández, Fajardo Spínola (1993), pp. 52-57.

Anterior artículo

Naantali invernal

Siguiente artículo

El palacete de Juan Martí Dehesa, luego Pious School

No hay comentarios

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *