De la mar y los barcosDestacado

El último viaje del capitán Carvajal en el buque «Camino»

Se cumplen en estos días treinta y ocho años de un lamentable accidente sufrido por uno de los buques de la flota  de Compañía Trasatlántica Española, cuando ésta se encontraba prácticamente al final de su larga historia. El 24 de julio del 1981 y en viaje de retorno desde América a bordo del buque “Covadonga”, recibimos la fatal noticia a través de un informativo de Radio Exterior de España de un grave accidente sufrido por el buque “Camino” en aguas del Estrecho. La parte positiva de la noticia era que no se habían registrado desgracias personales.

En efecto, a las 12,15 h de aquel fatídico día, con 6.400 toneladas de carga general en sus bodegas y el clásico rumbo al 270º y una velocidad de 14 nudos, el citado buque  se encuentra al SO de Tarifa cuando avistan por el radar a otro de considerable tamaño con rumbo 075º y a 16 nudos de velocidad, navegando con aparente rumbo de colisión hacia ellos. Se trata del buque petrolero “Moncloa”, de la flota de Cepsa, envueltos ambos en una espesa niebla que cubría la zona dificultando aún más la situación. El buque “Camino” maniobra metiendo todo el timón a Er., pero  la colisión es inevitable, hecho que se produce a las 12,39 h, a dos millas y media al sur del bajo de Los Cabezos.

El buque de Trasatlántica resultó embestido por la aleta de babor sufriendo una fuerte vía de agua que ocasiona la inundación de la sala de máquinas en pocos minutos. En un primer momento, el capitán Anselmo Carvajal Chapela ordena una rápida inspección de los daños sufridos, pudiéndose confirmar que son de gran envergadura y que existen graves riesgos para la tripulación, circunstancia que le obliga a ordenar de inmediato el arriado de botes y las balsas salvavidas. La maniobra de abandono fue comandada por el primer oficial Andrés Álvarez con absoluta pericia y secundada por la tripulación según las normas establecidas. Con el bote a motor al mando del primer oficial, jefe de máquinas Guillermo Cordero al motor y el marinero de guardia al timón, se procedió a la evacuación de parte de la tripulación al petrolero “Moncloa” donde se encontraban en alerta para recibirlos y prestar con rapidez toda el auxilio necesario.

A las 13,30 h la operación de evacuación había finalizado con éxito y rapidez, para de inmediato proceder a la maniobra de remolque dado por el petrolero “Moncloa”, dirigida en todo momento por el capitán del buque en coordinación con su primer oficial, recibiendo los cabos desde el bote salvavidas en el que se encontraban el segundo oficial del “Camino”, Andrés Bellido Bas, ayudado por dos marineros y el jefe de máquinas. Desde el buque embestido la maniobra de remolque estaba coordinada por su capitán desde el puente, y ejecutada por el primer oficial ayudado por el contramaestre y algunos marineros en el castillo de proa. A las 14,15 h el petrolero “Moncloa” remolcaba al “Camino” rumbo a la bahía de Algeciras con dos cabos firmes de controlada resistencia y sin más novedad que las que imponían las circunstancias.

Cuando la maniobra de remolque lleva algo más de media hora realizándose con la cautela necesaria pero con absoluta normalidad, aparecieron dos remolcadores, en uno de los cuales se encuentra un representante de la autoridad de Marina, quien alegando medidas de seguridad ordena que el remolque sea transferido del petrolero “Moncloa” a uno de los remolcadores, mientras el otro  permanecería en situación de reserva. 

La controvertida y aparentemente ilógica medida fue difícilmente entendida por los capitanes de ambos buques, puesto que implicaba sumar mas riesgos y pérdida de precioso tiempo, al tener que efectuar una nueva maniobra para llevar a cabo la orden recibida,  en una zona tan complicada por la densidad de su tránsito. Por ambos capitanes se sugirió que en todo caso, ambos remolcadores los acompañasen permaneciendo en stand-by, pero las órdenes fueron tajantes y tuvieron que de ser cumplidas.

El periódico “Diario de Cádiz” de diciembre de aquel año  publica la noticia de la imposición de la Cruz al Mérito Naval a dos marinos y un civil, como consecuencia del salvamento del buque “Camino”: “Había inminente peligro de hundimiento, afortunadamente conseguimos salvar tanto el buque como su carga cuando se encontraba abandonado y a la deriva en aguas del Estrecho. La alegría que siento es indescriptible, por recibir este reconocimiento de S.M. El Rey, a través del alto mando de las Fuerzas Armadas..” , decía uno de los protagonistas del homenaje al periodista que cubría la noticia.

Aquellas  declaraciones fueron replicadas de inmediato y de forma tajante a través del mismo medio por el primer oficial del buque “Camino”, cuya nota aclaratoria acaba concluyendo: “Con esto quiero dejar bien claro que la motonave ‘Camino’ en ningún momento perdió su control, que fue comandado en todo momento por su capitán Anselmo Carvajal Chapela  secundado por su tripulación…”.

Las tres medallas otorgadas estaban pensionadas con la correspondiente paga o subvención. Se  dio la circunstancia de que uno de los tres homenajeados tras su jubilación pasó a formar parte de la plantilla de la compañía de remolcadores “salvadora”.

El Tribunal Marítimo en su veredicto final imputaría al petrolero “Moncloa” con un 80% de responsabilidad en el accidente y al buque “Camino” con un 20%. Un posible fallo en los anillos de escala del radar del “Camino”, unido a la fuerte niebla en la zona debieron  tener, también, sus responsabilidades en el desafortunado siniestro.

Anselmo Carvajal en sus primeros años de mar
Anselmo Carvajal en sus primeros años de mar
Anselmo Carvajal, en los años de su jubilación
Anselmo Carvajal, en los años de su jubilación

La primera vez que tuve conocimiento de un marino llamado Anselmo Carvajal fue a través de  un relato novelado que me regaló un amigo en La Coruña,  durante mi época de estudiante de  Máquinas en  aquella entrañable ciudad : “Personas, ideas y mares” era el título del libro en el que José María Gironella daba cuenta de un viaje realizado a la India en el buque “Almudena” en el que Anselmo Carnaval ocupaba el cargo de primer oficial. El entonces afamado escritor catalán  lo describe allí de forma detallada y con  relativo acierto, cuando lo hace con el recordado capitán Onzáin, al mando del buque durante el viaje, el novelista creo también  lo hace con equivocada precisión, pero eso es otra historia…

Con el capitán Carvajal tuve ocasión de navegar en varios buques de la flota  de Trasatlántica, de oficial por primera vez en el buque “Comillas” y como jefe de máquinas, la última a bordo del buque “Belén”. Los recuerdos son muchos y variados de aquellas navegaciones compartidas; fue una persona a la que siempre le tuve un especial respeto y admiración, entre otras razones por sus particulares circunstancias familiares y personales. Siendo aún muy joven su  esposa falleció, quiero recordar que de parto de su única hija o quizás siendo esta  aún muy pequeña. Recuerdo que en cierta ocasión, durante el transcurso de una tertulia de cámara a bordo del buque “Comillas”,  la mujer del jefe de máquinas le preguntó si alguna vez había pensado en volver a casarse y Anselmo respondió que sí, pero que cuando su hija, que aún se encontraba cursando los primeros años de  bachiller, terminara la carrera; pasaron los años y cuando su hija tuvo en sus manos el título de Licenciada en Medicina cumplió su promesa y contrajo nuevas nupcias con una mujer con la que acabara los últimos años de su vida enamorado de forma envidiable.

Sin embargo, a veces parece que el destino se ceba con las personas. Cuando ocurrió el fatídico accidente del “Camino”, el capitán Carvajal  tenía 58 años de edad y  su pensamiento era  jubilarse al finalizar aquella campaña. Mala suerte fue la suya tras una vida dedicada a la mar con un repleto y completísimo historial, forjado prácticamente en Compañía Trasatlántica, donde empezaría muy joven como tercer oficial.

Ya jubilado solía encontrarme con él en su diario paseo por la gaditana “Cuesta de las Calesas” acompañado con un inseparable amigo jefe de máquinas, también jubilado de la hermana Trasmediterránea, eso sí discutiendo ambos siempre que los abordaba…. Con el bueno de Andrés Álvarez también, pero en  Algeciras  durante nuestros paseos vespertinos, siempre acompañado  de su esposa y gozando ambos desde hace algunos años de una merecida jubilación. Tras quedarse en tierra, Andrés ocupó puestos de reconocida responsabilidad en el puerto de Algeciras desde los que tuvo ocasión durante años, de crear escuela impartiendo sus sobrados conocimientos de estiba, adquiridos en aquella universidad de la mar, que para mucho fue Trasatlántica.

Así sucedió y así os lo cuento.

Fotos: archivo de Juan Cárdenas Soriano

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