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El prolongado abandono de los duques de alba de Amonesa

Desde hace algo más de dos décadas, tras el cese de actividad de la fábrica de Amoniaco Español (Amonesa), situados a una milla de la desembocadura del río Guadalhorce, en Málaga capital, se encuentran en estado de abandono los “duques de alba” de esta industria pertenecientes a una fábrica de amoniaco que inició su andadura en 1963. La corrosión marina y la acción del oleaje acusan su progresivo deterioro de estas llamativas estructuras enclavadas en un fondo de 15 m.

En su apogeo, Amonesa producía el 25% de este producto químico de todo el país y fertilizantes de diversos tipos.  En sus orígenes la empresa era una filial de Esso Standard Oil y en 1970 se vendió a la catalana S.A. Cros, de ahí su nueva denominación Cros-Amonesa. La planta estaba situada en el kilómetro 5 de la carretera de Alora y en su época fue una instalación importante, notable en su aspecto técnico y en su rendimiento de 500 toneladas diarias, aunque en poco tiempo sería superada por otras factorías nacionales. 

Los “duques de alba”, que estaban unidos por una pasarela, permitían la maniobra de los buques y la descarga de nafta mediante un oleoducto para la fabricación de amoniaco anhidro. La nafta se almacenaba en un tanque de techo flotante y la producción con este derivado del petróleo se mantuvo hasta que la obtención con gas natural en las modernas plantas de Explosivos Río Tinto (ERT) en Huelva, provocó que dejara de ser rentable.

El ingeniero José Luis Sánchez-Garrido y Reyes explica que para la descarga de amoniaco anhidro se realizó una inversión importante en el citado pantalán, “una obra de ingeniería gigantesca”, en la que los pilares gigantescos, fabricados en tierra, se trasladaban por vía marítima y se lanzaban por gravedad al fondo en una determinada inclinación. Debido a su enorme peso, éstos se clavaban sobre la arena del fondo, previos estudios de cálculo. “Recuerdo que había muchas incertidumbres, muchas incógnitas, pero el lanzamiento de los pilares –no sé cuántos son, probablemente ocho–, fue todo un éxito, recrecidos hasta salir varios metros sobre la superficie del mar, sobre ellos se puso una enorme placa de hormigón”. Ello pudo suceder en torno a 1980.

El pantalán conectaba una tubería para la descarga desde el buque y el envío del producto a fábrica, haciendo pasar un producto peligroso por diversas propiedades. Sánchez-Garrido y Reyes agrega que “no había antecedentes de todas estas cosas, y el fenomenal equipo técnico de Amonesa fue en esta ocasión, como en toda su historia, el que resolvió todos estos problemas”. Sin embargo, pocos años después, dejó de ser rentable y la posterior reconversión industrial motivó el cese de su cometido, por lo que planta de Amonesa sería desmontada después de que fracasaran todos los intentos para venderla.  Solo queda el pantalán al que hacemos referencia, testigo de un pasado industrial que ya es historia.

 

Fotos: José Julián Pérez Matéu

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