De la mar y los barcosDestacado

El petrolero “Campestre” (1943-1958), matrícula naval de Cádiz

En agosto de 1934 el petrolero “Tiflis” barco pasó a la propiedad de CAMPSA –capitán, Carlos Miguel Zubillaga–, que lo adquirió en poco más de 200.000 pesetas. En la misma operación, de sus compañeros de flota, los buques «Ebros» y «Eduardo» fueron convertidos en pontones petroleros. En el citado año su nombre desapareció del Lloyd’s Register y a partir de entonces pasó a desempeñar el humilde oficio de pontón petrolero.  

Al comienzo de la guerra civil española el petrolero «Tiflis» estaba amarrado en el puerto de Vigo, ordenándose su rehabilitación para volver al servicio y en octubre de 1939 dio su primer viaje sin escolta a la refinería de Santa Cruz de Tenerife, “reclutándose su oficialidad y la mayoría de la dotación entre marineros de CAMPSA”.[1] También actuó como pontón de suministro en aguas de Mallorca y participó en diversos convoyes nacionales de aprovisionamiento.

A finales de 1940, con el mundo de nuevo en guerra, el petrolero «Tiflis» fue remolcado al astillero de Unión Naval de Levante. El 15 de mayo de 1941 se iniciaron las obras para dejarlo en condiciones de realizar viajes de altura, finalizando los trabajos el 13 de abril de 1943. La memoria del astillero dice que “la necesidad de petroleros forzó a la CAMPSA a ordenar la habilitación de su viejo vapor «Tiflis» (hoy «Campestre»), para cubrir la línea directa con las factorías de Norteamérica y Venezuela. Hubo que vencer grandes dificultades y realizar trabajos de consideración; se sustituyó el carbón por fuel-oil y con una nueva hélice se consiguieron velocidades desconocidas por este buque”.[2]

Aquel pontón petrolero había tomado nueva estampa marinera y con el nuevo nombre de «Campestre» –capitán, Alfredo Palazuelos Morante– volvió a navegar con la contraseña de CAMPSA. A pesar de su escasa capacidad de tanques resultó una ayuda estimable en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, pues cruzó repetidas veces el Atlántico en busca del crudo venezolano. Llevaba entonces el casco pintado con los colores nacionales en amuras y aletas y, a media eslora, su nombre y nacionalidad en grandes caracteres blancos.

Pero no sólo fue España quien se benefició entonces de los servicios del veterano petrolero. Hasta finales de 1945, conjuntamente con otros buques españoles, realizó viajes por cuenta del Instituto Portugués de Combustíveis (IPC). Cuando acabó la guerra, e innecesario para los servicios de altura, el buque-tanque «Campestre» quedó relegado al cabotaje peninsular, con algunos viajes esporádicos a la refinería de Tenerife. Estrenando el año 1948, el 4 de enero embarrancó en Bonanza, aunque entonces pudo ser reflotado sin que se apreciaran daños graves.[3]

Por entonces era un buque de 3.030 toneladas brutas, 1.067 toneladas netas y 4.433 toneladas de peso muerto, en un casco de 96 m de eslora total –92,45 m de eslora entre perpendiculares–, 12,19 m de manga, 7,64 m de puntal y 6,25 m de calado. Estaba propulsado por una máquina alternativa de triple expansión, fabricada en los talleres de la firma Wallsend Slipway Co., que tomaba vapor de dos calderas escocesas de llama en retorno y desarrollaba una potencia de 1.400 caballos sobre un eje y alcanzaba una velocidad de 10 nudos con buen tiempo. 

Después vino una nueva etapa de amarre y en 1958 lo compró CEPSA en 216.208 pesetas, con el objeto de acondicionarlo para el transporte de emulsiones asfálticas, con lo que se convirtió en el primer buque asfaltero del país, ocupándose el astillero de Unión Naval de Levante de acondicionarlo para tal fin. El primer capitán de esta nueva etapa fue Ricardo Dulanto Unceta y Domingo ‘Txomin’ Legarza Iturraspe, su primer maquinista. Rebautizado «Monteleón», conservó su matrícula gaditana y a partir de entonces se convirtió en un asiduo visitante del puerto tinerfeño. Sin embargo, cuando ya se pensaba en su sustitución por una unidad más moderna, ocurrió la fatal explosión del 19 de marzo de 1966, que marcó el final apresurado de su vida marinera.

El destino del veterano «Monteleón» quedó sellado. Escoltado por el petrolero «Ciudad Rodrigo», zarpó rumbo a Cádiz y en sus últimas singladuras lo impulsó la vieja máquina de vapor y era gobernado con el timón situado a popa. El 21 de mayo siguiente dio fondo en las aguas de la bahía gaditana, donde se desmontaron las calderas, las bombas y otros elementos utilizables y luego remolcado hasta el puerto de Gijón, a donde arribó el 1 de septiembre siguiente, se procedió a la entrega del buque a los chatarreros de Avilés que le corrieron soplete.[4] Y cuando ello sucedió desapareció para siempre el petrolero más viejo del mundo.

Notas

[1] Martínez Gil, Alfonso. Cincuentenario de la flota del Monopolio de Petróleos 1927-1977, p. 28. Madrid, 1977.

[2] Janini, Álvaro (librero director). Unión Naval de Levante, S.A. Conmemoración del XXV aniversario de su fundación. p. 149. Valencia, 1949.

[3] Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Escala en el Atlántico. El puerto de Tenerife y la refinería de CEPSA. p. 243. Santa Cruz de Tenerife, 2006.

[4] Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Gris naval en la Marina Mercante española. pp. 444. Santa Cruz de Tenerife, 2013.

Foto: Unión Naval de Levante

Anterior artículo

El palacete de Juan Martí Dehesa, luego Pious School

Siguiente artículo

Molslinjen está en venta