La Palma, una Isla del Atlántico

El naufragio de la fragata inglesa “Eclipse” en Garafía (1832)

La Palma ha convivido con los hundimientos de barcos en sus costas e itinerarios desde que inició su singladura en la historia. Juan B. Lorenzo Rodríguez sorprende en el Tomo I de sus “Noticias para la Historia de La Palma” con el naufragio del buque inglés “Ángel de Londres” que el 10 de febrero de 1660, cuando se disponía a hacerse a la mar con un cargamento de vino para Inglaterra, se vio sorprendido por un fuerte temporal que destrozó la embarcación y su mercancía en los acantilados de Bajamar.

El primer cronista de la Isla da detalles de decenas de naufragios y desapariciones de embarcaciones con destino o salida del puerto palmero: “El Ratonero” que se perdió cuando venía a La Palma desde La Habana en agosto de 1714 o aquel buque que ocho años más tarde también desapareció al mando del Capitán Romero y que había partido de La Palma con destino a Cuba. En 1729 le pasó igual a “El Pintado”, que hacía también la carrera desde La Palma a La Habana. En 1733 tampoco se supo del barco que, al mando de Pedro Toledo partió desde esta Isla para Campeche, en México.

En el Tomo II relata con detenimiento el naufragio por temporal del bergantín portugués “San Pedro y San Pablo” destrozado en la desembocadura del Barranco Seco. En el tercer tomo describe las calamidades de los tripulantes del pailebot “Mosca” que en 1866 en travesía Santa Cruz de La Palma–Tazacorte fueron sorprendidos por un temporal que los dirigió hasta las costas de El Hierro destrozando la embarcación y salvando sus ocupantes la vida por puro milagro. O el vapor militar español “General Álava” , que se incendiaba cerca de nuestras costas cuando hacía el trayecto La Coruña- La Habana y que para salvar a sus 800 soldados y 90 marineros encalló y se hundió el 11 de noviembre de 1863 en la bahía de Santa Cruz de La Palma.

El curioso caso de la fragata “Eclipse”

Pero si hay algún naufragio sorprendente en nuestra historia nos referiremos a uno que tuvo lugar en Garafía hace casi dos soglos y que también relatan los autores Tomás Orribo y Néstor Martín en una edición muy cuidada sobre datos históricos y curiosidades de Garafía, titulada “Del Lugar de Tagalguen”.

Juan B. Rodríguez empieza a describir los hechos diciendo que “…existe en la costa del pueblo de Garafía un sitio llamado Fajana Grande, el cual, hace algunos años fue testigo de un accidente lamentable.”

Y es que está documentado que en la noche del 31 de enero de 1832 la fragata inglesa “Eclipse”, que había partido de Londres con un cargamento de objetos y efectos de valor con destino al Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, encalló en lo que es hoy La Fajana de Franceses a causa de una espesa niebla que le hizo perder la ruta hacia el sur. Un marinero, según las crónicas, se arrojó a tierra con precipitación y falleció por los golpes que recibió en el acantilado. El resto de la tripulación pudo salir por su propio pie del barco. Algunos vecinos se acercaron a la fragata accidentada y el capitán Davis les pidió ayuda para salvar el valioso cargamento que transportaba la fragata.

Los lugareños, en efecto, subieron las laderas hasta los pueblos cercanos y comunicaron al resto del vecindario que un barco inglés con objetos de valor había encallado en La Fajana. Muchos fueron los campesinos que bajaron hasta la zona del naufragio para salvar la citada carga pero, indica Juan B. Lorenzo “…lejos de eso, todos los vecinos, como aves de rapiña, cayeron sobre aquellos despojos, sin cuidarse para nada de las reconvenciones del capitán, a quien no entendían. Y al saberse la noticia en los pueblos comarcanos, acudieron también a fomentar el pillaje”.

Posteriormente subieron a sus casas cargando todo lo que encontraron y se cuidaron mucho de esconder los preciados objetos que la fragata del capitán Edward Davis les ofreció esa noche. Parece ser que sólo se recuperaron algunos objetos por mediación del cura beneficiado de Garafía y que el mar terminó por hacer desaparecer la embarcación unas horas más tarde. El capitán y su tripulación se marcharon a Inglaterra, consignados por Dionisio Carrillo de Santa Cruz de La Palma. Las autoridades insulares hicieron todo lo posible por recuperar los objetos robados y nunca llegaron a recuperar nada ni conocieron el nombre de los que participaron en el hecho.

Según los autores de “Del Lugar de Tagalguen”, la extrema pobreza puede llevar a los seres humanos a cometer actos degradantes que, si bien nunca podrán justificarse , sí pueden muy bien entenderse, como es en este caso. Y hay que comprender a los autores teniendo en cuenta la grave situación de miseria en la que se encontraba La Palma, en las postrimerías de lo que se denominaba el Antiguo Régimen en donde los campesinos sin tierras trabajaban para los grandes propietarios como aparceros o jornaleros, en la extrema pobreza de estos últimos meses del pérfido reinado de Fernando VII.

Foto: fotosaereasdecanarias.com

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