La Palma, una Isla del Atlántico

El acantilado de Gallegos

A vista de pájaro el barrio de Gallegos nos ofrece una imagen espectacular, en su disposición en pendiente en cuatro lomos –la Cancela, la Crucita, la Fuente y los Castros– que acaba en un impresionante acantilado, como si hubiera sido cortado a cuchillo, con las hendiduras a modo de gigantesco drenaje de los barrancos de Gallegos y Franceses. La fotografía invernal refleja, además, la notable influencia de los alisios cargados de humedad en su choque constante contra el frontón norte de La Palma.

El aislamiento de Gallegos, al igual que Franceses y El Tablado, en Garafía, ha forjado el carácter de sus habitantes, que han sabido sacar provecho a las condiciones del territorio. Durante años, muchos a decir verdad, sólo era posible salir por mar cuando el tiempo lo permitía o por los caminos reales que aún serpentean sus contornos. La carretera llegó en 1959 y a partir de entonces  algunas cosas cambiaron, aunque se ha mantenido la particular  idiosincrasia de los gallegueros, muy amantes y solidarios de su terruño.

En los años de la tierra prometida, la emigración a Venezuela despobló de manera considerable este barrio de Barlovento, que ahora ronda unos trescientos habitantes y celebra unas magníficas fiestas de verano en honor de la Virgen de la Caridad del Cobre, cuyo epicentro está en la plaza del lomo de las Cancelas, que es donde está el mayor asentamiento de su población. Tiene, además, una arquitectura vernácula bien conservada, aunque también hay abandonos en algunos ejemplos interesantes, de los que nos ocupamos en nuestro libro Arquitectura rural en La Palma (1999), escrito en coautoría con el arquitecto Juan Julio Fernández.

Nos gusta recalar con frecuencia en Gallegos y cada vez que lo hacemos comprendemos cuánto esfuerzo, trabajo, tesón y sacrificio han demostrado sus habitantes a través del tiempo. De sobrevivir con los cultivos en terrazas, la pesca y la ganadería y la estrecha relación intervecinal convertida en fecunda hermandad. El agua de la cumbre ha sido siempre una bendición. La imagen de Antonio Márquez, autor de fotosareasdecanarias.com, impresiona y demuestra la naturaleza del espacio y las condiciones de vida de este enclave del norte palmero.

Foto: fotosaereasdecanarias.com

Anterior artículo

Nuevo servicio de Suardíaz entre el norte de Europa y Canarias

Siguiente artículo

Santa Cruz de Tenerife recibirá mañana al buque-escuela “Juan Sebastián de Elcano”