La Palma, una Isla del Atlántico

Donde antes había vida ahora solo hay un manto de escorias

Entre las dos montañas, la de Cogote y la Rajada terminaba el Llano del Corazoncillo y había vida. El sur. Tres impresionantes establecimientos turísticos, bodegas, decenas de viviendas de autoconstrucción, de trabajadores y trabajadoras, viñedos… En la finca que se conocía como de El Charol se construyó una urbanización a lo largo del camino que se denominó El Corazoncillo, se instaló un complejo de placas solares que, decían, daba suficiente energía a todo Las Manchas. 

Al este del Llano estaban Las Breñitas, El Rico, Montaña de Capa de Burro, Los Pelados y Las Plantas… con higueras, bodegas y viviendas residenciales. 

El volcán nació entre las casas, en la zona más alta de La Hoya. En el mismo centro de Tajogaite, dentro de las viviendas, nacieron bocas que llenaron de infernal rugido a los asentamientos de El Frontón, El Circe, El Paraíso y todo Alcalá. Luego, el río devastador asoló todo lo que encontraba. Si dejaba algo por cubrir, volvía y volvía una y otra vez a culminar su obra de destrucción. 
Montaña Rajada aguantaba fiel a su presencia imponente.

Al sur de Tajogaite, el volcán no conseguía entrar porque era infranqueable la montaña de las tres cimas y lo aguantaba. Hasta que una mañana de triste recuerdo se desborda una de las coladas que ya había sepultado todo Alcalá y se enfiló entre Capa de Burro y Rajada, siguiendo la carretera. Bajó por Las Breñitas, engulló por completo el pajero de Elías, bordeó la montaña y sepultó con rapidez los chalets recién construidos y todo lo que consiguió a su paso. Ya no había casas en La Montaña.

Ahora, donde había urbanizaciones, viñedos, bodegas, viviendas humildes o de uso turístico no hay sino un manto negro de escorias inservibles y ásperas. Al final del llano, mi casa, donde nací. No hay nada. Ilusiones, tampoco.

Foto: cedida

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