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CEPSA asumirá el desmantelamiento de la refinería de Tenerife

En marzo próximo comenzará el proceso de desmantelamiento de la refinería de CEPSA en Santa Cruz de Tenerife, 91 años después de que hubiera iniciado su andadura industrial. La refinería lleva parada hace algunos años, aunque se realizan trabajos de mantenimiento esenciales en las unidades de destilación, que serán desmontadas en un dilatado y costoso proceso que finalizará en 2030.

Así lo han anunciado hoy el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres y el consejero delegado de CEPSA, Maarten Wetselaar. Como es conocido, hace mucho que CEPSA dejó de ser española en su totalidad y desde hace años está controlada por grupos internacionales, que han mostrado poco interés o ninguno por el futuro de la instalación tinerfeña. 

Con ello toma fuerza de nuevo el plan Santa Cruz Verde 2030, que pretende la regeneración urbanística de 500.000 metros cuadrados. Terrenos que son propiedad de CEPSA y que irá vendiendo según y como evolucione el mercado, como ya lo hizo en el pasado cuando “cedió” (dinero de por medio, con elevadas plusvalías) los terrenos donde hoy se levanta una parte del “nuevo” Santa Cruz. Algo parecido, aunque a menos escala, hizo DISA. 

Se informa de que será CEPSA quien costee el desmantelamiento de la refinería, que ha significado mucho para Santa Cruz de Tenerife y su puerto. Y también para ambos aeropuertos. Prueba de su influencia es que, tras el cierre de la actividad industrial, se ha notado un bajón considerable en el tráfico marítimo que venía a suministrarse combustible, además de las descargas de crudo y los cargamentos de productos refinados, fuel, gasoil y gasolinas, principalmente. 

CEPSA ha significado mucho para Tenerife. Durante más de ochenta años proporcionó trabajo de calidad y bienestar social, de modo que trabajar en la refinería, así como en la flota de petroleros e instalaciones portuarias y aeroportuarias era un signo de prestigio y garantía. Grupos de viviendas y economato han sido algunos signos sociales que ya son historia. La contaminación que ocasionaba la actividad era su único aspecto negativo, en un proceso similar al ocurrido en otras ciudades industriales del país, como Avilés y ENSIDESA, por citar un ejemplo representativo. 

Sin embargo, en los últimos años, por una serie de circunstancias, CEPSA se alejó de Tenerife y Tenerife se alejó de CEPSA. El peso específico que la refinería y lo que ello suponía tenía en la sociedad tinerfeña ha acabado diluyéndose en la práctica, de modo que han sido más los inconvenientes que las ventajas, a pesar de los esfuerzos de regeneración medioambiental que se hicieron.

Todo tiene un principio y un final, como la vida misma y el ocaso de la refinería de CEPSA en Tenerife llegó cuando cerró su actividad. CEPSA tiene otras dos refinerías modernas en Huelva y Algeciras y lo que demanda el mercado lo transporta por vía marítima o lo compra en el mercado internacional. El supuesto traslado al sur de Tenerife es una quimera, como lo han sido también las inversiones millonarias nunca realizadas.

La refinería que encontró en Santiago García Sanabria y Andrés de Arroyo el espacio y el apoyo que le había negado José de Mesa y López en Las Palmas –recomendamos la lectura de las memorias de Juan Lliso– llegó a destilar ocho millones de toneladas de crudo en su momento de máximo esplendor, tras sucesivas ampliaciones con tecnología puntera.

La flota de CEPSA fue por espacio de algo más de cuarenta años fuente de vida, trabajo e ilusión para varios cientos de tripulantes, en su mayoría residentes en Tenerife. Ahora, todo eso es historia. Y esta historia, la de CEPSA en Tenerife, la de la refinería para ser más precisos, se ha terminado.

Foto: cedida

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