El mundo de la aviación

Binter cumple 30 años

En sus orígenes, Binter Canarias fue una filial del Grupo Iberia fundada en 1988 y comenzó sus operaciones el 26 de marzo de 1989, por lo que ahora se cumplen 30 años. Estuvimos en el vuelo inaugural a La Palma, con Ricardo Génova de comandante. Fue una apuesta en el denominado tercer nivel, que preveía la constitución de varias compañías similares en otras regiones del país, aunque la siguiente que tomó forma fue Binter Mediterráneo. Ambas empresas iniciaron sus operaciones con aviones CN-235 y en el caso de Binter Canarias decidió la incorporación del turbohélice ATR-72, que se ha demostrado un módulo eficaz para las operaciones interinsulares.

Los primeros años de Binter Canarias fueron complicados. La clase política regional –desde hace tiempo en un discreto silencio pese a los abusos cometidos con las tarifas– encontró el argumento perfecto para distraer sus incapacidades y atraer la atención pública atacando el modelo del Grupo Iberia, que consiguió recomponer su rumbo errático cuando se impuso la cordura en la explotación de un formato único de flota, después de varios años de pérdidas continuas.

Iberia, en tiempos de Xabier de Irala y Ángel Mullor, hartos de la conflictividad frecuente en la que se encontraba Binter Canarias, decidió quitarse de encima la compañía regional pese a que había entrado en beneficios y en julio de 2002 vendió la empresa a la sociedad Hesperia de Inversiones Aéreas, formada por un grupo de empresarios canarios de ambas provincias que han rentabilizado su inversión hasta límites insospechados.

El dirigente y cabeza pensante de esa operación de ingeniería financiera se llama Rodolfo Núñez Ruano, vicepresidente y accionista principal en perfil bajo desde hace tiempo –aunque no conviene perderlo de vista, sobre todo cuando suelta alguno de sus avisos a navegantes–, pues conocía la compañía por dentro desde su primera etapa y un día salió escaldado harto de ruindades y amenazó con volver. Y vaya que sí lo hizo. Lo hizo por la puerta grande, justiciero, con la guadaña en la mano y puso orden y concierto.

Se acabó la diversión de la que hasta entonces hacían gala algunos colectivos, especialmente los pilotos amparados por el sindicato Sepla. Binter A desapareció y ahora solo es una marca comercial. Desde hace tiempo hay una Binter B (Naysa), una Binter C (Canair) y también quienes dicen una Binter D (Canaryfly), con lo cual todo queda en casa. Los salarios actuales y otras prebendas están muy lejos de los que un día fueron una suma de notables privilegios y la aerolínea es un referente de prestigio y solvencia. 

Ya no hay conflictos con los pilotos, planes charlie, vuelos a perfil, gasto extra de combustible y otras argucias sindicales que lastraban la cuenta de resultados y causaban un gran malestar social. Muchos de aquellos protagonistas tampoco están –la mayoría fueron despedidos a precio de oro– y los que quedan han entrado por el aro. Los políticos perdieron uno de sus argumentos preferidos –ahí está la hemeroteca para repasarlo– y la empresa se ha convertido en una de las más rentables de Canarias, lo cual, ciertamente, es admirable como estrategia de éxito. Por cierto, ¿cuánto ganó Binter en 2018?.

Foto: Ana Vidal

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