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Balearia admite dos dígitos de pérdidas en la línea de Canarias

Balearia se ha embarcado en una alianza con Fred. Olsen que, por ahora, arroja pérdidas de dos dígitos en la línea Huelva-Canarias. Vamos a ver cuánto les dura. Lo ha reconocido el propio Adolfo Utor que, en ese aspecto, es más visible y comunicativo que sus socios hispano-noruegos y, como es obvio, el resultado negativo también habrá que repartirlo con su aliada en los porcentajes acordados.

El presidente de Balearia reconoce que existe una “guerra comercial” que se ve reflejada en su cuenta de resultados, aunque el principal escenario de esta “batalla” está en Baleares y en las líneas del norte de África. La línea Huelva-Canarias es un experimento que puede acabar como el rosario de la aurora. Quizás Utor haría bien en hacer primero algo de autocrítica, antes de referirse a la “competencia salvaje” de la que él también es copartícipe y corresponsable.

Y dicho esto, solo estamos en el principio del cambio de ciclo. Tiene guasa que el presidente de Balearia eche mano de ese argumento para justificar sus números con una caída del 37% en el beneficio neto en 2018, aunque haya crecido en todos los segmentos y la cifra de negocio se sitúe en 381 millones de euros, que es un cinco por ciento más con respecto a 2017.Eso algo quiere decir.

Sucede que la nueva Trasmediterránea, ahora controlada por el Grupo Armas, le está devolviendo la pelota con la que Utor había jugado a su antojo en los años de vacas flacas de la compañía controlada por Acciona. Los tiempos del juego han cambiado y Utor, listo como él solo, lo sabe. Por cierto, Antonio Armas le ha hecho un traje a cuadros a la medida poniéndole el próximo verano el novísimo catamarán “Volcán de Tagoro” en la línea Gandia-Ibiza-Palma, convertido en la gran novedad de un archipiélago que va a estrenar un barco nuevo de alta velocidad después de mucho tiempo.

En el caso de Canarias o, mejor dicho, de la línea Huelva-Canarias, Balearia vuelve a repetir un error típico de esta empresa, pues primero pone un barco ciertamente atractivo (“Martín i Soler”) y luego lo sustituye por otro cuestionado desde su primer viaje (“Nápoles”), por mucho que hable de “smart ship” y otras estupideces. Se repite la estrategia seguida tantas veces con el buque  “Nissos Chios” y su reemplazo tiempo después por barcos de segundo nivel.

Obviamente, el buque “Martín i Soler” es mucho más rentable en las líneas de Baleares y los números mandan, pero eso supone un desprecio al público de Canarias, que sabe elegir y también sabe valorar. Lo más lamentable del caso es que Balearia lo hace con la anuencia de Fred. Olsen y ello evidencia que ambos no piensan en los pasajeros y que lo único que les interesa es la carga del cliente al que sirven. Los experimentos con gaseosa suelen salir caros. 

Foto: cedida

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