De la mar y los barcosDestacado

Asalto al buque “Ramiro Pérez” en Chile. Un episodio de 1973

El 11 de septiembre de 1973 es la fecha del golpe de estado de Pinochet en Chile. Dos días después, el buque “Ramiro Pérez”, barco de carga general de Naviera Asón, de Santander, llega al puerto de Albisola di Mare, cerca de Génova, para cargar arroz en sacos en el plan de la bodega número dos con destino a Valparaiso (Chile).

Una vez rematada la carga salimos con rumbo a Ceuta para hacer combustible y luego proceder al canal de Panama, cruzándolo y haciendo escalas en Buenaventura (Colombia), Guayaquil (Ecuador), Callao (Perú), descargando (excepto del plan de la bodega dos), arribando al puerto de Valparaiso.

Se comienza la descarga de los sacos de arroz y a media mañana entran a bordo unos cuantos soldados que rápidamente se dirigen al interior profiriendo gritos y apuntando con sus fusiles a todo el que encontraba en su camino, dirigiéndolos hacia la cámara. 

Preguntando por el capitán, baja Miguel Angel Díaz Madariaga y también lo apuntan con los fusiles ordenándonos a todos ponernos de cara a los mamparos de la cámara con los brazos en alto. El capitán protesta airadamente diciendo que el barco es territorio español y que no pueden allanarlo.

El que estaba al mando le clava el cañón del fusil en los riñones diciéndole que se calle si no quiere recibir un tiro allí mismo, que están en guerra y que “se pasan a España por los cojones” (sic). Mientras estamos con los brazos en alto por más de media hora con dos o tres soldados apuntándonos, otro grupo revolvió todos los camarotes, habitáculos y departamentos del buque, poniendo todo patas arriba. El que mandaba, a gritos dice que ya podemos bajar los brazos y darnos la vuelta diciendo con voz de mando y desagradable que se iban ya que no habían encontrado nada en el interior del barco.

¿Qué había pasado?. Pues que los estibadores del puerto de carga sabían el destino de la misma y habían depositado entre los sacos de arroz, cantidad de octavillas contra Pinochet y el golpe de estado. El capitán escribió en el Diario de Navegación dando parte a las autoridades españolas, pero hasta hoy.

Aquí no acabaron nuestras inquietudes, porque durante todo el tiempo que estuvimos allí atracados no hubo día que no pasáramos alguna angustia. Salir a tierra durante aquella semana una temeridad. Toque de queda de 6 de la tarde a 6 de la mañana. Tanquetas y soldados armados por todas las esquinas. Detenciones para pedir los “papeles” cada dos pasos. Resumiendo, un país en estado de guerra civil con todas sus consecuencias.

Pero lo que más nos impactó a todos los tripulantes fue lo que con nuestros propios ojos veíamos cada madrugada. En las proximidades de nuestro atraque estaba fondeado el barco de carga con bandera chilena nombrado “Lebu”, al que todas las madrugadas había trasiego de botes con personas que nosotros veíamos pasar por nuestro costado y embarcar al citado barco para después oir disparos de ráfagas. Al poco volvían los botes con cadáveres tirados en su fondo y soldados de vuelta a puerto. Con sigilo y a la luz de la luna observábamos todo este trasiego con el corazón encogido.

(*)  Oficial radioelectrónico de primera clase. Ex funcionario de Salvamento Marítimo.

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Anterior artículo

En memoria de Francisco Ameijeiras Castro, ex vicecónsul de Finlandia en La Coruña

Siguiente artículo

Descarga para Terminales Canarios

No hay comentarios

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *