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Armas recupera la alta velocidad entre las capitales canarias

En esta misma sección adelantamos el pasado 27 de octubre la noticia de que Naviera Armas hará pruebas esta semana con el catamarán “Alborán” entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, paso previo de la incorporación de otro catamarán del mismo tipo llamado “Volcán de Teno”, que se encuentra en reparaciones en Navantia Cádiz y sometido a un recorrido general de sus instalaciones.

La idea es que este buque cubra la línea de alta velocidad entre las dos capitales canarias, aprovechando la centralización de todos los servicios de Naviera Armas en el muelle Nelson Mandela, próximo a La Isleta, lo que ahorra entre quince y veinte minutos de maniobra en la recinto portuario de Las Palmas. Al mismo tiempo, abre otro frente en la competencia con Fred. Olsen en la línea de Agaete, en la que Naviera Armas no ha conseguido meterse.

Para que el “puente marítimo” entre las dos capitales canarias funcione como es debido, se precisa de un segundo buque. Como también adelantamos en mayo pasado en esta misma sección, hay interés en fletar o comprar otro catamarán que podría ser el buque “Express”, ex “Catalonia”. Vamos a ver cuánto tiempo dura este experimento en un entorno de fuerte competencia y con el precio del combustible al alza.  

El “puente marítimo” entre las dos capitales canarias comenzó en julio de 1975, a cargo de Trasmediterránea, con los buques “Ciudad de La Laguna” y “Villa de Agaete”. En agosto de 1980 apareció el “jet-foil”, que permaneció en servicio hasta 2005. Trasmediterránea trajo entonces el catamarán “Milenium Dos” y poco tiempo después lo retiró, cuando estaba consiguiendo unos coeficientes de ocupación aceptables.

Y mientras Naviera Armas se vuelca en reforzar líneas en las que tiene una presencia consolidada y amplía en La Gomera y dedica un barco exclusivo a El Hierro, La Palma sigue siendo la cenicienta del transporte marítimo de Canarias. Algo que sucede merced a la apatía y el consentimiento de la acomodada clase política palmera, que no tiene la costumbre de viajar en barco ni de madrugar para embarcar a horas intempestivas.

Foto: Salvador de la Rubia

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