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A propósito de los apodos de los submarinos españoles

En la Armada Española, aunque no todos, sí muchos de los buques que han pasado por sus filas han sido conocidos por algún mote, alias o apodo, que generalmente han sido puestos de manera cariñosa en un momento dado por algún/algunos miembros de su dotación y al final, el buque en cuestión “se ha quedado con él”, calificativo que solía ser ocurrente y simpático, nunca hubo ninguno malsonante o puesto con mala fe.

Por lo que a los submarinos respecta, por ejemplo, el S-31 “Almirante García de los Reyes”, sería conocido cariñosamente como “el treinta y único”, porque durante muchos años fue el único submarino realmente operativo de la Flotilla, calificativo que se hizo muy popular, todos le llamábamos así, aún cuando después de incorporarse otras unidades y dejó de ser “único”.

Otro de la serie, el S-33 “Narciso Monturiol”, también tendría su apodo, en este caso “el chepa”, por una especie de joroba que llevaba a popa de la vela, y así algunos otros, de los que hoy daré algunos detalles, en concreto de otro submarino, el D-3, que pasó por la Armada sin ostentar nombre propio.

Este submarino, construido por la Bazán cartagenera, era originalmente la tercera unidad de la serie D, de ahí su numeral de costado citada de D-3. A finales de los años cincuenta del pasado siglo, este submarino se sometería en Bazán Cartagena a importantes obras de reforma, gracias a los dólares y la tecnología que habían llegado a España procedentes de la Ayuda americana como consecuencia del MDAP (Mutual Defense Assistant Program), firmado con los Estados Unidos.

A resultas de esa reforma, el submarino citado no sólo cambió bastante de aspecto sino también de numeral de costado, pues pasó de ser el D-3 a ser el S-22. Por aquel entonces, estaba muy de moda decir alguna palabra en inglés, y coincidió que los dos detergentes más populares en aquellos años (principios década años sesenta), uno se llamaba “Ese” y el otro “Tu Tú”, que venía a coincidir con la numeral asignada de S-22, traducida (aunque malamente, eso sí), al idioma inglés.

En consecuencia, al S-22 empezaron a llamarle cariñosamente “el detergentes”, en clara alusión a los citados productos para lavar la ropa, apodo con el que ya viviría el resto de su vida, al transmitirse entre los miembros de las dotaciones de nuevo embarque. Con toda seguridad que a alguno de los viejos del lugar le recuerda esta historia, y a los más jóvenes que no la vivieron, que sepan que hubo esa tradición en la Armada (hoy casi perdida, como otras), de bautizar a los buques con apodos que en ningún caso eran malsonantes o habían sido puestos de manera que no fuese cariñosa.

Detergente “Tu Tú”
Detergente “Ese”
Cinta de lepanto del submarino S-22
Submarino S-22

Fotos: archivo de Diego Quevedo Carmona

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