El mundo de la aviación

A propósito de la atractiva profesión de azafata de vuelo

La azafata de vuelo siempre ha sido una profesión atractiva y distinguida. Con el paso de los años ha evolucionado a la figura del TCP, tripulante de cabina de pasajeros, que se remonta a 1930 –aunque en 1911 había aparecido el empleo del “cabin boy”–, cuando surge la considerada como primera azafata, una joven llamada Ellen Church, hasta entonces enfermera, aunque en su empeño por volar incluso se presentó para piloto de Boeing Air Transport.

Aunque Ellen Church no fue seleccionada, propuso que la compañía contratara, en su caso, a una asistente de vuelo que dominaba la profesión de enfermea para que pudiese atender a los pasajeros durante el vuelo, función que hasta entonces se reservaba al copiloto. La tenaz Ellen consiguió su objetivo y le siguieron otras mujeres en esa profesión, a las que entonces se les exigía tener menos de 25 años, solteras, medir menos de 1,65 y pesar 52 kilos como máximo.

Como es conocido, en España la profesión llegó con Iberia. En 1946 contrató a sus primeras azafatas para los vuelos trasatlánticos entre España y Argentina en los aviones Douglas DC-4. Es conocida la anécdota del entonces director de la compañía, César Gómez Lucía, de encontrar el término adecuado: aeromozas, aeroviarias, mayordomas o provisorias, fueron algunos de los términos propuestos, hasta que se decidió azafata.

Después de Iberia, el protagonismo de la azafata tuvo un realce importante en la etapa de Spantax, cuando la compañía fundada por Rodolfo Bay comenzó su expansión en vuelos nacionales e internacionales chárter, en los que la presencia de este colectivo era absolutamente necesario. Spantax fue, además, escuela señera, no en vano Marta Estades Sáez había sido azafata de Iberia.

Foto: vía José Miguel Reina Llamas

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