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60 años de la pérdida del buque “Antártico” en Santander

A la historia de la Marina mercante española de la inmediata posguerra pertenece el buque “Antártico”, propiedad de la Empresa Nacional Elcano, a cuya contraseña había pertenecido con el nombre de “Castillo Andrade” y que se perdió, hace ahora 60 años, cuando embarrancó al oeste de Las Quebrantas, Cantabria. Sucedió el 6 de octubre de 1959, cuando regresaba de un viaje procedente de Lobito (Angola) con un cargamento de cinco mil toneladas de manganeso.

En el viaje de regreso a Santander, primera escala prevista para la descarga parcial, entró de arribada forzosa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife para reparar una avería en el motor principal, un MAN de 2.200 caballos de potencia, que había pertenecido al buque “Ciudad de Málaga”, hundido en 1936 a la salida del puerto de Las Palmas de Gran Canaria tras un abordaje con el buque de bandera británica “Cape of Good Hope”. A mediodía del 6 de octubre, cuando llegó a la bocana de la bahía de Santander, desde la estación de prácticos se le comunicó que tendría una demora de un par de horas, por lo que esperó frente a la playa del Sardinero.

Sin embargo, poco después de iniciar la maniobra se produjo otra avería en el motor principal y quedó sin gobierno. El viento y la corriente hicieron el resto y lo fueron empujando irremisiblemente contra la rompiente citada. En su ayuda acudió el remolcador “Conde de Ruiseñada”, de la Junta de Obras del Puerto de Santander, pero las maniobras realizadas para tratar de reflotarlo, en la que varias veces se rompieron los cabos, resultaron infructuosas.

Entonces se requirió la ayuda del remolcador “Altsu”, con base en Bilbao, y al día siguiente ambos auxiliares reanudaron los intentos a la hora de la pleamar, también con resultado negativo, por lo que se decidió aligerar la carga a través de otros barcos de poco calado –“Toñín” y “María Santiuste”, a razón de 300 toneladas en cada viaje– y se requirió los servicios de un buzo para que hiciera un reconocimiento del casco, que a marea baja quedaba casi en seco.

El buen tiempo aumentaba la esperanza de que en el siguiente intento sería posible el reflotamiento con una carga estimada de unas dos mil toneladas en las bodegas. El 12 de octubre se trabajó en taponar una vía de agua en la sala de máquinas que había provocado su inundación; puesto que las calderas estaban apagadas y no podían suministrar vapor para mover las maquinillas, se trasladaron a bordo bombas de achique, compresores y otros equipos para tratar de resolver la situación. Ese mismo día llegaron al puerto de Santander dos potentes remolcadores de salvamento holandeses por si eran necesarios sus servicios.

Pero llegó el día en el que cambió el tiempo y ello obligó a suspender los trabajos de salvamento del buque “Antártico”. El 21 de octubre se reanudaron las operaciones y el remolcador “Conde de Ruiseñada” consiguió mover el buque unos cien metros sobre el lecho en el que se encontraba acostado y la proa quedó mirando al norte; entonces renacieron las esperanzas, pero cuatro días después la situación cambió de nuevo y un temporal del NW, con vientos que llegaron a superar los cien kilómetros por hora, frustraron todo empeño. La furia otoñal del Cantábrico se ensañó con el barco malherido que se partió en dos a proa del mamparo de la cámara de máquinas. A partir de ese momento comenzó la ceremonia de su desguace a cargo de la fuerza de las olas y la marejada; la proa se fue enterrando cada vez más mientras la opa se levantaba dejando el timón y la hélice fuera del agua, incluso en pleamar.

En febrero de 1960 había desaparecido la superestructura del “Antártico”. En abril, la popa empezó a hundirse y seguía la lenta agonía de su desarme. Elcano decidió acelerar el proceso y contrató a una empresa especializada para rematar el desguace. En septiembre solo sobresalía un trozo de la proa y lo demás era chatarra que dejaba ver su esqueleto en bajamar. En agosto de 1961 las operaciones habían concluido. La póliza suscrita entre la Empresa Nacional Elcano y la Unión y el Fénix Español reportó una indemnización de 50 millones de pesetas, que fue la más elevada pagada hasta entonces en un siniestro por una compañía aseguradora española.

El buque "Antártico", en su lecho de muerte, soporta los primeros temporales
El buque “Antártico”, en su lecho de muerte, soporta los primeros temporales
Poco a poco, el desguace del barco fue tomando forma
Poco a poco, el desguace del barco fue tomando forma
El buque "Antártico" fue desguazado "in situ"
El buque “Antártico” fue desguazado “in situ”

Bibliografía

González Echegaray, Rafael (1976). Naufragios en la costa de Cantabria, pp. 184-1985. Librería Estudio. Santander.

Foto: archivo de Alberto Mantilla Pérez. Nuestro agradecimiento.

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