De la mar y los barcosDestacado

Un alumno obsesionado y una “médium” en Maracaibo

En aquel viaje hacia el continente americano a finales de los años setenta, teníamos a Maracaibo entre otros puertos de destino, a donde llevábamos un cargamento de equipos para la industria petrolera que habían sido embarcados en el puerto de Livorno.  Entre los trabajos a realizar por el personal de máquinas, según el programa de mantenimiento preventivo durante la travesía hacia América, figuraba el desmontaje y reconocimiento completo de un motor diésel perteneciente a uno de los grupos electrógenos de la planta eléctrica del buque “Belén”. Al día siguiente de la salida del puerto de Cádiz, se iniciaron los trabajos programados y deberían concluirse, si todo marchaba bien, antes de arribar a Río Haina, primer puerto de escala en la otra parte del Atlántico.

Con objeto de efectuar las prácticas de la carrera, un alumno de máquinas había embarcado en el puerto de Barcelona; desde el inicio de su estancia a bordo el muchacho había demostrado un interés y un sentido de la responsabilidad un tanto inusual. Un día, mientras me encontraba en la sala de máquinas junto al primer maquinista inspeccionando los elementos del motor que se acababa de desmontar, vi que el alumno observaba con admiración el despiece; éste se nos acercó con  cierta incredulidad preguntando si creíamos factible que el motor pudiera estar en funcionamiento a la llegada  al puerto dominicano. Su duda nos produjo una cierta sonrisa irónica.

Como estaba previsto, el motor quedó listo y pudo ser probado en las operaciones de carga y/o  descarga durante los dos días que permanecimos en el puerto dominicano. En la maniobra de salida de Río Haina y mientras permanecía en la sala de máquinas, pude observar algo anormal en la conducta del alumno, cuando comprobé una poco lógica obsesión con el motor que había sido reconocido, permaneciendo durante toda la maniobra de salida tocándolo, mirándolo y haciendo comentarios algo incomprensibles.

Después de la travesía por el Caribe arribamos a Venezuela y le comunicó al capitán Pedro Abad, que algo extraño le estaba sucediendo al chaval, por lo que sería conveniente la presencia de un médico a bordo para que le hiciera un reconocimiento; de inmediato el capitán dio las oportunas instrucciones a los agentes consignatarios y éstos  se personaron acompañados de un médico que recomendaba el ingreso en un centro hospitalario.

A última hora de aquel triste día y mientras nos encontrábamos comentando en la cámara de oficiales el incidente, se presenta nuestro agente consignatario para comunicarnos lo último sobre la situación de Jordi en el hospital y, posteriormente, hablar en privado con el capitán y conmigo; nos prestamos a sus requerimientos para lo cual nos retiramos a mi despacho. Una vez solos los tres, el agente nos comunica que viene de consultar con una “vidente” amiga que se encuentra en su casa, y que ésta le ha indicado que le gustaría tener una entrevista con nosotros para tratar de averiguar el origen y las circunstancias que habían “ocasionado el mal” al  alumno y tratar de ayudarle.

La propuesta me pareció un tanto absurda y fuera de lugar, pero ante el interés mostrado por el capitán en el asunto y en evitación de que éste no acudiese solo a la “paranormal” reunión, terminé accediendo y nos dirigimos hasta el domicilio del extraño agente. Después de más de media hora de viaje a bordo de una destartalada furgoneta, llegamos a una amplia casa en las afueras de Maracaibo; allí nos esperaba sentada en una gran mesa redonda la “médium” junto a la joven esposa del anfitrión. Una vez efectuadas las presentaciones y salutaciones de rigor y tras una previa introducción por parte de la vidente, esta entra en materia y solicita que nos agarremos todos de la mano con objeto de hacer una rueda; nos  indica que se va a encarnar durante el periodo de “trance” en San Ezequiel, a quién piensa efectuar las correspondientes preguntas sobre el origen de los males que sufre el alumno y forma de remediarlos.

 Yo, que desde que salimos del buque sentía cierta incomodidad con la situación, empezaba a ver todo un tanto grotesco.  Siguiendo las instrucciones nos agarramos todos los presentes  de la mano, hecho lo cual, la vidente cierra los ojos e inicia un rito  emitiendo ininteligibles sonidos guturales que acompaña con bruscos estertores y movimientos que a punto estuvieron de hacerla caer del sillón donde se sentaba;  posteriormente y ya con cierta calma, inicia y mantiene una supuesta conversación  con quién decía ser el profeta azote de idólatras y corruptos. La “médium” efectúa preguntas en su tono y acento de voz normal, en torno a las posibles circunstancias que habían provocado “el mal” al alumno; preguntas a las que la “médium” auto respondía con voz potente y masculina en curioso acento español, que supuestamente provenía de San Ezequiel.

Finalizada la particular conversación entre santo y “médium”, esta retorna a la vida real y nos comunica que al parecer, al chaval le han introducido en el puerto dominicano varios espíritus malignos, posiblemente alguna joven despechada a la que no había satisfecho algún requerimiento y que había intentado sacárselos, cosa que había logrado con dos, pero un tercero se mostró rebelde y  no pudo conseguirlo…

Tengo la sensación de que Pedro Abad muestra cierta preocupación y yo diría que certidumbre, por lo  visto y oído; hasta el punto de que ya entrado en materia y propicio ambiente, se atreve a formularle una consulta personal  relacionada con ciertas circunstancias familiares que a veces ocurrían cuando se encontraba en casa de vacaciones. Con objeto de darle una posible respuesta, la vidente vuelve a entra en trance para encarnarse de nuevo en San Ezequiel; una vez lo consigue, dice disponerse a desplazarse a España y entrar en el domicilio del capitán en Cádiz, cosa que tras unos minutos dice haber logrado.

He de reconocer que durante esta segunda parte de la particular sesión, hubo algo que me llamó de forma especial la atención y que pasados algo más de cuarenta años de los hechos, recuerdo de forma nítida. Me refiero al hecho de como la “médium” hizo con absoluta exactitud la  descripción real del domicilio de Pedro Abad, incluidas las características de cada una de las estancias de la casa y el mobiliario que en ellas había; asimismo veía dormidos en cada una de las camas a los miembros de la familia.

Se da la circunstancia de que ni previamente ni  en momento alguno, tanto Pedro como yo  habíamos mantenido conversación alguna durante la que hubiésemos podido comentar o dar algún dato sobre  los detalles de la casa  tan sorprendentemente expuestos por la vidente. La ceremonia finalizó con la entrega por parte de aquella enigmática señora de sendos ramilletes de unas extrañas hierbas que deberíamos colocar en la puerta del camarote como revulsivo a la entrada de malos espíritus.

De vuelta a bordo, todos íbamos en silencio hasta que Pedro Abad me pregunta:

-Juan, ¿cuál es tu opinión sobre lo vivido?

-Pedro, creo el alumno comenzó a demostrar conducta poco normal antes de la escala en Rio Haina, y como bien sabes soy de máquinas y por tanto con mentalidad cartesiana; en lo único que creo sin ver, pero sí debido a sus  efectos es la electricidad… Con respecto a la perfecta descripción que ha hecho de tu casa, no sabría qué decirte.

-Juan, ¡haberlas haylas…¡

– Pues puede ser…

De regreso a bordo, Pedro colocó el ramillete sujeto con una  chincheta  en la puerta de su camarote; yo preferí colocarlo sujeto con un alambre sobre el regulador Woodward del motor recién revisado; por si acaso….

Por recomendación médica se procedió a la repatriación del alumno desde Venezuela; cuando llegamos a Barcelona los padres estaban esperando nuestra llegada para informarnos y manifestar su agradecimiento por la atención prestada a su hijo;  nos comentaron que según los especialistas que lo habían tratado, había sufrido una crisis nerviosa cuyo origen no supieron o pudieron determinar.

Así sucedió y así os lo cuento.

(*) Jefe de Máquinas de la Marina Mercante española

Fotos: Gianpaolo (shipspotting.com)

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