La Palma, una Isla del Atlántico

En memoria de Nolo Pino

Más de treinta años de paisanaje y amistad bien entendida dan para mucho. Y, sin embargo, cuando  llega el momento sorpresivo de la despedida terrenal, nos parecen muy pocos. Al desgranar el rosario de los recuerdos encontramos que no hay cuentas suficientes para enumerar tantas vivencias, todas ellas gratas, a medida que se suceden los recuerdos y eso es lo que nos sucede hoy con la marcha inesperada del amigo Juan Manuel Pino Martín, Nolo Pino, palmero de la división de honor, que se nos ha ido demasiado pronto.

Nolo Pino pertenece a la generación de paisanos fecundos, dignos y honestos, forjados en el trabajo, el respeto y el orden, en la aspiración legítima de querer ser más y mejores personas. Era un hombre trabajador, muy capaz y competente, técnicamente bien formado, crítico ecuánime con su entorno e imbuido siempre del mejor quehacer profesional. No le tembló el pulso cuando tuvo que tomar decisiones y decía las cosas de frente, sin rodeos. Siempre fue Juan Pino, en los momentos dulces y en los amargos y nunca le vimos arrugar el gesto, ni siquiera siendo consciente de su realidad. 

Cuando vio frustrada su aspiración de piloto militar, decidió estudiar la licenciatura de Económicas, ganó su plaza de funcionario de carrera y desempeñó cargos de importancia en la administración autonómica de Canarias, caso de secretario general técnico en varias consejerías, interventor de la Comunidad y director del Instituto Canario de Estadística. Además, durante años fue un activo radioaficionado, lo que le llevó a consolidar amistades en el universo etéreo de las ondas.

Nolo Pino amó a La Palma con profunda devoción y especialmente a su querido pueblo de Tazacorte, del que se sentía muy orgulloso y en el que recalaba con frecuencia. Derrochó afecto y sinceridad sin límites y fue un padre responsable y consecuente, volcado especialmente con su hija María Pino Brumberg, afectada desde su juventud de una enfermedad atípica, a la que acompañó sin desmayo en cuantas iniciativas fueron precisas y trató por todos los medios de encontrar las soluciones posibles y también las imposibles.

Anoche, cuando supimos la triste noticia desde la distancia, leímos las siguientes líneas de su hija María: “Durante la mayor parte de mi vida mi fe se transformó en ti, tú eras el que me daba esperanzas para seguir luchando hacia adelante debido al tema de mi cruel enfermedad. Estuviste muchísimo tiempo de tu vida preocupado y luchando por mí”.

Descansa en paz, querido amigo. Siempre vivirás en la memoria fértil de quienes te queremos y te admiramos. Tu trayectoria vital engrosa la lista de paisanos que supieron hacer patria, de quienes ayudaron al prójimo sin pedir nada a cambio y de quienes sintieron la esencia del trabajo y la dignidad y la satisfacción del deber cumplido. Un fuerte abrazo allá donde quiera que estés.

Foto: María Pino Brumberg

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