De la mar y los barcosDestacado

El buque “San Juan de Nepomuceno” (1950-1963)

El último barco de cabotaje adquirido por el naviero tinerfeño Álvaro Rodríguez López se llamó “San Juan de Nepomuceno” y enarboló su contraseña en marzo de 1950 cuando todavía se llamaba “Procyon”. Además del tráfico interinsular también realizó frecuentes viajes a la península. El cambio de nombre se produjo en diciembre de 1951, después de que hubiera sido autorizado por la Subsecretaría de la Marina Mercante.

Este buque tomó forma en el astillero Unión Naval de Levante, en Valencia, de cuya factoría era la construcción número 38 y había sido construido por encargo de Costeros de Levante, s.a. Tenía un gemelo llamado “Canopus” –sobre el proyecto iban a llamarse “Cástor” y “Póllux”– y fueron botados los días 19 y 23 de enero de 1943 y entregados los días 5 de junio y 10 de mayo de 1944, respectivamente.[1]

Estando a flote pasaron a la propiedad de la sociedad Comercial Marítima de Transporte. En mayo de 1947 el buque Procyon sufrió desperfectos de importancia en la proa, cuya reparación tuvo un coste de 200.000 pesetas. En noviembre de ese mismo año entró de arribada forzosa en Cádiz, en viaje de Italia a Lisboa.[2] En marzo de 1948 pasó a la propiedad de la Compañía Naviera Bañi, de Bilbao, que lo compró en casi dos millones de pesetas.

El 2 de marzo de 1950 se produjo el siguiente cambio a favor de Álvaro Rodríguez López y Hermano, S.L., siendo representado en el momento de la entrega por José A. Ramón. El precio pagado fue de 1.750.000 pesetas y en septiembre de 1951 causó baja en la matrícula naval de Valencia y en noviembre siguiente alta en la matrícula naval de Santa Cruz de Tenerife.

En enero de 1952 se rebautizó con el nombre de “San Juan de Nepomuceno” y se le autorizó para el transporte de 12 pasajeros en trayectos interinsulares. En febrero de 1953 recibió la patente de navegación firmada por el jefe del Estado y en agosto de 1953 entró en dique para su primera carena, que se efectuó en el astillero de la Sociedad Española de Construcción Naval, en Matagorda (Cádiz), en la que se efectuaron trabajos por valor de 125.386 pesetas, referidos a renovación de planchas de forro, remaches y pintura.

Al año siguiente, por el mes de noviembre, el buque tuvo que volver al astillero de Matagorda para realizar reparaciones en la sala de máquinas (motor principal y auxiliares, bombas de achique y circulación), cabestrantes, timón y quilla, por importe de 320.997 pesetas. En mayo de 1958 el buque “San Juan de Nepomuceno” pasó a formar parte de la sociedad Álvaro Rodríguez López, S.A., constituida el 12 de junio de 1957 en Santa Cruz de Tenerife, ante el notario Lorenzo Martínez Fuset. A la misma fueron transferidos otros bienes y propiedades, entre ellos el buque “Sancho II”.

El 10 de febrero de 1962 sufrió una varada entre Tajao y Punta Camello, en el litoral de Arico, cuando iba en viaje de Santa Cruz de Tenerife a La Gomera. La tripulación, al mando del patrón Rafael Hernández Afonso, estaba exhausta por el sobreesfuerzo de sustituir la ausencia del buque “Sancho II”, que se encontraba en obras de gran carena en el astillero de Matagorda (Cádiz). Entonces hubo suerte, gracias a la ayuda que por hf prestó Sito Simancas desde Playa de Santiago, en comunicación con el patrón del buque. En su ayuda acudió el remolcador “El Guanche”, que consiguió reflotarlo y primero lo llevó al fondeadero de El Médano, donde se procedió a taponar la vía de agua y después lo escoltó hasta el puerto de partida para reparar en las instalaciones de Industrias Marítimas de Tenerife.[3]

Al año siguiente llegó el final inesperado de su vida marinera. El 30 de octubre de 1963 se hundió en aguas del sur de Tenerife, cuando navegaba a unas cinco millas de Montaña Roja, en viaje de Gran Tarajal a Playa San Juan con un cargamento de piedra de cal y madera para los almacenes de empaquetado. El barco iba al mando del patrón Miguel Acosta Peraza. Dos vías de agua anegaron rápidamente las bodegas y la sala de máquinas.

El naufragio se produjo con tal rapidez que arrastró consigo a dos de los tres botes salvavidas de que disponía el barco, consiguiendo sus catorce tripulantes ponerse a salvo a toda prisa en el que quedó indemne. En su ayuda acudió el correíllo Viera y Clavijo después de que avistara unas bengalas rojas y los recogiera sobre las siete de la tarde, continuando viaje al puerto de Santa Cruz de Tenerife.[4]

De 399 toneladas brutas, 181 toneladas netas y 500 toneladas de peso muerto, medía 44 m de eslora total –41,52 m de eslora entre perpendiculares–, 8 m de manga, 3,40 m de puntal y 3,10 m calado. Estaba propulsado por un motor Sulzer 6TS29, de seis cilindros, dos tiempos, simple efecto, con una potencia de 600 caballos sobre un eje, que le daba una velocidad de 9,8 nudos.

Durante tantos años, muchos fueron los tripulantes que navegaron en los barcos de Álvaro Rodríguez López. Nos hubiera gustado dedicarles un capítulo como corresponde, pero ese empeño será objetivo de otro trabajo de especialidad, dada la dificultad que entraña una labor de investigación de esta naturaleza. No obstante, queremos hacer mención aquí a una breve relación de aquellos protagonistas, a modo de homenaje a la memoria de quienes en la mar hicieron posible el tráfico de cabotaje.

Entre los patrones citamos a Antonio Perdomo Gil, Faustino Díaz, Antonio Padrón, Bernardo Camacho San Juan, Santiago Padilla Padilla, Rafael Hernández Afonso y Miguel Acosta Peraza. Entre los maquinistas figuran los nombres de Baltasar Velázquez, Francisco Jiménez García y Santiago Marrero Amaral. La lista está incompleta. Agradecemos la colaboración de los amables lectores. 

Notas: 

[1]  XXV aniversario de Unión Naval de Levante (1924-1949). p. 120. Publicación conmemorativa del astillero. Valencia, 1949.

[2] ABC, 28 de noviembre de 1947.

[3] El Día, 12 febrero de 1962.

[4] El Día, 1 de noviembre de 1963.

Foto: archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

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